Adicción al sexo: Criterios diagnósticos

Es cada vez mayor el número de personas que acude a consulta buscando ayuda debido a problemas con su conducta sexual. La mayoría refiere un aumento en la frecuencia e intensidad de sus fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales. Cuestión que les provocan un malestar significativo, unido a un deterioro social u ocupacional.

Términos como adicción sexual, compulsividad sexual, preocupación sexual, conducta sexual fuera de control e hipersexualidad son utilizados para describir este problema. Denominado históricamente como ninfomanía (para las mujeres) o satiriasis (en el caso de los hombres), estas dificultades tienen un recorrido de más de 100 años en la historia de los trastornos mentales.

Ha sido incluido en varias ocasiones dentro de los clasificadores diagnósticos para su análisis y vuelto a excluir. Por ejemplo, en el DSM III-R se hablaba de “adicción sexual no parafílica” como un ejemplo de desorden sexual no especificado, pero fue excluido del DSM IV.1 Posteriormente fue introducido en los comités de evaluación del DSM V como trastorno hipersexual y nuevamente fue descartado.2

¿En qué consiste este trastorno?

Siguiendo los criterios propuestos por el grupo de trabajo del DSM V para el trastorno hipersexual, la persona presenta durante un período superior a seis meses, fantasías sexuales recurrentes e intensas, impulsos y conductas sexuales asociadas a cuatro o más de los siguientes criterios:

  1. Consumir excesivo tiempo en fantasías e impulsos sexuales, planificando y participando en conductas sexuales.
  2. Repetidamente desarrolla esas fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a estados de ánimo disfóricos (por ej.: ansiedad, depresión, aburrimiento, irritabilidad).
  3. Repetidamente desarrolla fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a eventos estresantes de la vida.
  4. Repetitivos e infructuosos esfuerzos por controlar o reducir significativamente esas fantasías, impulsos y conductas sexuales.
  5. Repite el comportamiento sexual sin tener en cuenta el riesgo de daño físico o emocional a sí mismo o a otros.

Hay que tener en cuenta que estas manifestaciones se asocian con un malestar clínicamente significativo o deterioro personal en las áreas social, profesional o de otro tipo de funcionamiento, asociado con la frecuencia e intensidad de estas fantasías, impulsos y conductas sexuales. Igualmente, estas fantasías sexuales, impulsos y conductas no se deben a los efectos fisiológicos directos de sustancias exógenas (por ejemplo, drogas de abuso o medicación) o a episodios maníacos.

Por último, debe especificarse si las conductas son masturbación, consumo de pornografía, relaciones sexuales consentidas con adultos, prácticas sexuales a través de internet (cibersexo), llamadas a teléfonos de contenido sexual, asistencia a clubs de striptease o varias de ellas.

En los siguientes post iré desarrollando este tema. Abordaré la prevalencia que con la que se cumplen estos criterios diagnosticos dentro de la población general. También haré referencia a distintas manifestaciones del mismo como el cibersexo o el consumo de pornografía online.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

Referencias

  1. Seleme-Negrete Y, Negrete-Ruiz I, Celedón-Rivero J. Adicción al sexo, un problema silencioso. Pensando Psicol. 2010;6(10):162-166.
  2. Montgomery-Graham S. Conceptualization and Assessment of Hypersexual Disorder: A Systematic Review of the Literature. Sex Med Rev. 2017;5(2):146-162. doi:10.1016/J.SXMR.2016.11.001