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Bebidas energéticas: el lado oscuro de la cafeína

Efectos de las bebidas energéticas

Bebidas energéticas: el lado oscuro de la cafeína

Bebidas energéticas: el lado oscuro de la cafeína

Recientemente, varios medios se hacían eco de una noticia impactante. Un joven de 21 años perdía sus dientes por la ingestión excesiva de bebidas energéticas. Este estudiante de ingeniería declaró que consumía hasta seis latas diarias (alrededor de 3 litros) y, a pesar de cepillarse los dientes dos veces al día, tenía la dentadura podrida. Todo comenzó cuando, al morder una manzana, se le cayeron los cuatro incisivos frontales. El tratamiento: 24 rellenos dentales y varios implantes, con un coste total de más de 2.500 dólares.

Esto es solo un caso aislado de un problema mayor. El 6 de marzo de 2013, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria publicaba su reporte sobre las bebidas energéticas. Los datos de las personas con un consumo crónico (4 o 5 veces por semana) eran alarmantes y abarcaban todas las etapas evolutivas.

El 12% de adultos de 18 a 65 años consumían más de cuatro litros al mes. Por su parte, en el 12 % de adolescentes de 10 a 18 años el consumo medio subía hasta los siete litros al mes. Por último y más preocupante, el 16% de los niños de 3-10 años llegan a consumir igual cantidad que los adultos con consumo crónico. Estos porcentajes aumentan si su consumo se combina con alcohol, sobrepasando el 50% de los encuestados, sean adolescentes o adultos.

¿Qué se considera una bebida energética?

Se entiende por bebidas energéticas (o energizantes) aquellas que se comercializan para para aliviar la fatiga, mantener la vigilia y mejorar el desempeño físico o cognitivo. La comercialización de las mismas se orienta fundamentalmente hacia atletas, estudiantes y profesiones que requieren mantener el estado de alerta.

Obviamente los entornos de consumo son diversos y pueden abarcar desde una habitación hasta el asiento del conductor. Sin embargo, me gustaría hacer énfasis en su consumo durante las actividades recreativas de los adolescentes y jóvenes, donde se mezclan con alcohol.

La comercialización de bebidas energéticas se orienta fundamentalmente hacia atletas, estudiantes y profesiones que requieren mantener el estado de alerta.

Las bebidas energizantes se componen principalmente por cafeína, vitaminas y carbohidratos. También pueden contener otras sustancias naturales como la taurina, el guaraná o el ginseng. En este artículo evitaré mencionar marcas, pues mi objetivo es alertar sobre su consumo excesivo y efectos. Solo señalar que tienen una larga historia.

Tomemos como ejemplo la cafeína, que es su componente clave. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, consumir hasta 400 mg de cafeína al día (alrededor de 4 expresos o 3 tazas de café americano) no representa un riesgo para la salud de un adulto (la mitad para las mujeres embarazadas). Los recipientes de bebidas energéticas de 500 ml pueden contener 160 mg de cafeína como promedio. Aunque la cifra puede variar desde 50 mg hasta 505 mg según un estudio publicado en Drug and Alcohol Dependence. De hecho, muchas marcas sugieren no consumir más de 1.500 ml por día.

En la actualidad, se estima que existen más de 300 marcas en todo el mundo y sus ventas han sobrepasado las previsiones en un 500% a partir del año 2000. Según un reporte de Research and Markets, en 2013 el valor del mercado global de las bebidas energéticas rondaba los 40 mil millones de dólares y se espera que supere los 60 mil millones en 2021. Es un crecimiento espectacular, teniendo en cuenta que en 1997 el mercado global de bebidas energéticas era de 3.800 millones de dólares.

Efectos sobre la salud

El elevado riesgo para la salud del consumo de bebidas energéticas ha sido documentado en numerosas publicaciones científicas. Un buen resumen de las mismas se puede encontrar en un comentario publicado en 2011 en el Journal of American Medical Association, donde la intoxicación por cafeína es el primero en la lista.

Un estudio llevado a cabo en Australia, mostró que las llamadas a los servicios de urgencia debido a intoxicación con bebidas energéticas, se habían incrementado de 12 en 2004 hasta 65 en 2010. El demandante de ayuda promedio solía ser un adolescente o joven, que hacía un uso recreacional de estas bebidas, con un consumo medio de cinco unidades.

El consumo excesivo de bebidas energéticas supone un elevado riesgo para la salud

De 297 llamadas, 128 requirieron ingreso en urgencias. La mayor parte manifestaban problemas gastrointestinales (diarrea) y sobre-estimulación simpática (taquicardias, diarrea, palpitaciones). De ellos, 21 personas presentaron alucinaciones, convulsiones e problemas cardíacos.

Los medios han reportado repetidamente los casos de fallecimientos asociados al consumo de estas bebidas. El 16 de mayo de 2017, la CNN reportaba el caso de un chico de 17 años que falleció por fallo cardíaco tras consumir cuatro bebidas con cafeína, un café con leche y una bebida energizante en un período de dos horas. La autopsia mostró la ausencia de problemas cardíacos previos al evento.

Otro problema de salud sobre el que inciden las bebidas energéticas es la obesidad. Un reciente estudio, publicado en 2017 en Progress in Nutrition, comprobó que las ratas que fueron expuestas a bebidas energéticas durante 15 días ganaron significativamente mayor peso que sus controles, que ingirieron café y agua. Ello también es resultado del elevado contenido de azúcar que tienen estas bebidas.

Este elevado contenido de azúcar es también el responsable del notable deterioro de la salud dental. Más allá del ejemplo extremo comentado al principio de este artículo, se ha observado un incremento de las cantidad de caries en los consumidores de este tipo de bebidas. De hecho, desde octubre de 2013 The Journal of the American Dental Association publicaba un grupo de recomendaciones para prevenir las caries, dentro de las que se incluye cepillarse los dientes 20 minutos después de haberlas consumido.

Se han conocido numerosos casos de fallecimientos por fallo cardiaco asociados a un consumo elevado de estas bebidas

La calidad y ciclo del sueño suelen también puede verse afectadas en los consumidores de bebidas energizantes. En Perú fueron evaluados alrededor de 2.500 estudiantes universitarios, para explorar la relación entre los problemas del sueño y las bebidas energizantes. Los resultados publicados en Health, sugieren que una cantidad igual o superior a tres unidades por semana, puede ocasionar dificultades en el sueño. Los autores señalan que ello ocurre porque se pierde el sueño, o es de ciclos cortos. Muchos estudiantes recurren a otros medicamentos para poder conciliar el sueño.

Por último, deben ser revisados los efectos de las bebidas energéticas sobre la salud mental. En 2016 se publicaba una revisión de 28 estudios en el Journal of Caffeine Research. Los investigadores encontraron vínculos entre el consumo de estas bebidas y la exacerbación de los síntomas en el trastorno bipolar o la esquizofrenia.

Asimismo, reportaron estudios que avalan la aparición de manifestaciones de ansiedad, estrés, síntomas maníacos, depresión e intentos suicidas en persona sin antecedentes (personales o familiares) de enfermedades psiquiátricas. También se observó una interesante relación entre el consumo excesivo de estas bebidas y una relación compulsiva con el sexo.

Una puerta hacia otras drogas

El alcohol emerge como primera opción, dado que suele ser una mezcla frecuente. En 2006 se llevó a cabo un estudio con muestras de 10 universidades, y más de 4.000 estudiantes, de Carolina del Norte en los Estados Unidos. El 24% reportó haberlas combinado en los últimos 30 días, con una media de una borrachera a la semana.

Las bebidas energéticas pueden constituir una puerta de entrada al alcohol, otras drogas o comportamientos adictivos

También se ha observado que el consumo de estas bebidas se convierte en un puente para el consumo de estimulantes de prescripción médica y de sus variantes ilícitas, como la cocaína. Los resultados que sustentan esta afirmación se obtuvieron de reportes del proyecto The College Life Study.

Otro estudio, llevado a cabo en una muestra representativa de adolescentes de 13 a 16 años en los Estados Unidos, mostró que los consumidores de bebidas energéticas tenían entre sus planes consumir marihuana con mayor frecuencia que los no consumidores. Los resultados de este estudio serán publicados en junio de este año en Addictive Behaviors.

¿Afectan el desarrollo cognitivo del adolescente?

Un reciente estudio publicado en Frontiers in Psychology reporta que el consumo de, al menos una unidad por día, está asociado con dificultades en el funcionamiento cotidiano de los adolescentes. Ello se debe al efecto que tienen sobre las diferentes funciones ejecutivas.

Las funciones ejecutivas son actividades mentales que necesitamos para planificar, organizar, guiar, revisar y evaluar nuestro comportamiento. El estudio se llevó a cabo con más de 500 adolescentes. Aquellos con un consumo moderado, aun en pequeñas cantidades, mostraron mayores dificultades para regular su comportamiento.

A modo de conclusión

En primer lugar, las bebidas energéticas son un mercado en crecimiento, que llega cada vez a mayores segmentos de la población. Aunque muchas marcas recomiendan no consumir más de tres unidades por día, es probable que este criterio no se aplique para menores y adolescentes, cuyas funciones ejecutivas puede verse afectadas con el mero consumo de una unidad por día.

Las funciones ejecutivas de menores y adolescentes pueden verse afectadas con el consumo de una bebida energética al día

El principal problema es la intoxicación por cafeína, que puede afectar diversas áreas que abarcan desde el deterioro de la dentadura, pasando por trastornos psiquiátricos, hasta llegar a la muerte por fallo cardíaco. Por último, pueden constituir una puerta de entrada al alcohol, otras drogas o comportamientos adictivos.

Espero que este post aporte nuevos puntos de vista para hacer elecciones saludables. No se “criminalizan” las bebidas energizantes, pero se brindan criterios para un consumo responsable de las mismas. Sugiero a los adultos no beberlas a diario. También es necesario realizar campañas de prevención, para evitar su consumo entre adolescentes y jóvenes. Por supuesto, estas deberían acompañarse de mayores regulaciones para su comercialización.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD