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Cómo dejar la marihuana

Cómo dejar la marihuana: mitos y efectos de los porros

Cómo dejar la marihuana: mitos y efectos de los porros

Una reciente revisión sobre el consumo de cannabis publicada en 2018 en la revista Adicciones mostraba que se ha incrementado sustancialmente en los últimos 20 años. En España, el consumo regular había pasado del 4% al 7% de la población general en el período 1997-2015. Estos datos vienen también asociados a la disminución de la percepción de riesgo, 1/5 de la población general no ve su consumo como problemático y muchas personas e incluso partidos abogan por su legalización.

En el presente post me propongo como objetivo revisar este tema.  Comenzaré informando cómo se obtiene la marihuana y su diferencia con el hachís. Seguidamente abordaré los mitos sobre su consumo y las consecuencias negativas que tiene para la salud. Por último, me detendré en las diferentes alternativas de tratamiento que pueden ofrecerse a aquellas personas con un consumo problemático.

¿Qué es la marihuana?

La marihuana se obtiene de la planta Cannabis sativa y su utilización tiene una historia de 10 mil años, como consecuencia del desarrollo de la agricultura. La planta tiene más de 400 compuestos, incluyendo 60 tipos de canabinoides.

Inicialmente se utilizaban todas las partes de la planta para diferentes usos domésticos. En China se difundió su uso terapéutico hace aproximadamente 4.000 años. Más adelante, se extiendió a la India y el medio oriente, llegando hasta la civilización romana. Está documentado que Galeno la utilizaba para tratar quistes y tumores.

No quiero extenderme sobre la historia de sus “idas y venidas” o usos terapéuticos y suspensiones clínicas (debido a sus documentados efectos nocivos). Para ello recomiendo la revisión del artículo Utilidad terapéutica del cannabis y derivados, publicado en el año 2000 en la revista Adicciones o de Aportación del uso medicinal de los derivados de cannabis, publicado en 2018 en La Gaceta Médica de Bilbao.

¿Es lo mismo la marihuana que el hachís?

La marihuana se extrae de las copas de las flores secas de la planta. Por su parte, el hachís se extrae en forma de resina, de los cristales que hay en los bordes exteriores de la planta. El principio activo de ambos es el THC o Tetrahidrocannabinol.

Tanto para la marihuana como para el hachís se ha establecido que el porro es la vía más común para su consumo. El porro no es más que un cigarro liado con marihuana o hachís, que puede estar mezclado o no con tabaco.

Tanto para la marihuana como para el hachís se ha establecido que el porro es la vía más común para su consumo

La principal diferencia entre la marihuana y el hachís radica en la concentración de THC y la magnitud de sus efectos sobre el sistema nervioso. Es común que se afirme que la concentración de THC en el hachís puede triplicar la de la marihuana.

Recientemente, en distintas instituciones en Barcelona se ha llevado a cabo un estudio para determinar la cantidad de cannabinoides en una  unidad de porro estándar. Los investigadores concluyeron que la media de cannabis en un porro estándar suele ser de 0.25 gr, da igual que contenga marihuana o hachís. El estudio fue llevado a cabo en 2014 y publicado en la revista Adicciones en 2017.

Mitos sobre el consumo

En la página Web del Plan Nacional Sobre Drogas se muestran los mitos y realidades sobre el consumo de cannabis. El primer mito alude a que es inofensiva, dado que es un producto natural. Ello le da la etiqueta de “droga ecológica” que contribuye al relax y la paz mundial.

Otro mito alude a que los jóvenes la consumen porque está prohibido y que su legalización contribuiría a la disminución del consumo. Este mito cae por su propio peso, dado que las sustancias más consumidas por los jóvenes (alcohol y tabaco) son legales.

El tercer mito tiene que ver con los potenciales efectos terapéuticos de la planta, por lo que fumarse un porro de vez en cuando tendría efectos de “prevención” de salud. El cuarto es que su consumo se controla fácilmente, por lo que no produce adicción.

El quinto y último mito, es que fumar cannabis es mucho más saludable que fumar tabaco. Tanto el tabaco como el cannabis contienen componentes nocivos comunes y las concentraciones de los mismos, unido a la forma en la que se fuma, hace que el cannabis se convierta en un reemplazo mucho más nocivo.

Daños cognitivos y episodios psicóticos

Todos los mitos sobre su consumo pueden ser evaluados a la luz de las consecuencias que trae para la salud. Muchos la consideran erróneamente como una “droga blanda”, ya que sirve como puerta de entrada a otras sustancias.

El propio concepto de “droga blanda” es rebatible, dado los notables desajustes psicológicos que provoca. Aunque están documentados los daños sobre la motivación, atención, memoria y procesamiento de emociones (que varían en dependencia de la dosis y edad de inicio del consumo), un gran problema es su relación con los brotes psicóticos.

El propio concepto de “droga blanda” es rebatible, dado los notables desajustes psicológicos que provoca

Un seguimiento de 27 años realizado a más de 50mil reclutas suecos, demostró que el 13% de los diagnósticos de esquizofrenia podrían haberse evitado solo con eliminar el uso de la marihuana. La encuesta se realizó al 97% de toda la población masculina del país de 18 a 20 años entre 1969 y 1970. Los resultados fueron publicados en 2002 en The British Medical Journal(BMJ).

En un análisis previo de la misma muestra (15 años de seguimiento), los resultados publicados en The Lanceten 1987 resaltaban que, la probabilidad de desarrollar esquizofrenia era 50 veces mayor en aquellos sujetos que reportaron consumir marihuana.

Otro estudio realizado en Suiza, publicado en Frontiers in Psychologyen 2018, muestra que el trastorno por consumo de cannabis es un importante factor de riesgo de conductas violentas en los pacientes que desarrollan un trastorno psicótico.

Por último, un estudio realizado en Canadá (donde se ha legalizado el cannabis) y publicado en septiembre de 2018 en el Journal of Psychiatry and Brain Sicence, concluye que el uso crónico del cannabis puede contribuir a la aparición de trastornos psiquiátricos severos, más allá de los que se reportan en los episodios de intoxicación aguda.

El uso crónico del cannabis puede contribuir a la aparición de trastornos psiquiátricos severos

Ello pone en evidencia el mito de que el consumo recreativo de la marihuana puede ser positivo. De hecho, se sugiere que el uso terapéutico de la marihuana debería ser valorado una vez que la enfermedad esté diagnosticada y exista evidencia de su efectividad.

¿Qué pasa con el cerebro del adolescente?

Durante la adolescencia el cerebro sigue su desarrollo y muchos procesos y funciones se consolidan en esta etapa. Una de las funciones más importante de esta etapa es el autocontrol. El consumo de cannabis durante la adolescencia afecta la correcta consolidación del autocontrol y ello pasa factura a las etapas siguientes.

La regulación del sueño, apetito, emociones, memoria y movimiento son otros costes del consumo durante esta etapa. Diversos estudios con neuroimágenes han mostrado la atrofia de la amígdala y el hipocampo en adolescentes que consumen marihuana de forma habitual, cuestión que provoca importantes limitaciones en la memoria y el procesamiento de las emociones.

Diversos estudios muestran la atrofia de la amígdala y el hipocampo en adolescentes que consumen marihuana de forma habitual

Un punto importante es que muchos adolescentes se inician en el consumo del cannabis antes que en el del tabaco.

¿Hay solución para este problema?

Un reciente estudio con casi 40 mil adultos en EEUU muestra algunas particularidades de los consumidores de cannabis con respecto a aquellos que consumen alcohol y otras drogas. Si bien comienzan su consumo mucho antes (alrededor de los 16 años, comparado con los 19 para el alcohol y por encima de los 20 para otras drogas), también buscan solución para su problema antes (antes de los 30 años, en comparación con los casi 40 años que necesitan los que consumen alcohol). También se ha observado que son los que menos tasa de asistencia a grupos de ayuda mutua (Ej. NA) reportan.

Al analizar otro estudio que evaluó a un grupo de personas que lograron superar exitosamente el patrón problemático de consumo, determinó que estos: se focalizaban en las razones para el cambio; estaban comprometidos con las metas y objetivos diseñados para conseguirlo; y podían vencer el autoengaño y la negación. El estudio fue publicado en Addiction Science & Clinical Practiceen 2018.

Al diferenciar a las personas que buscaron ayuda de aquellos que lo lograban por sí mismos, se pudo establecer que los primeros solicitaron ayuda profesional, se apoyaron en grupos de ayuda mutua y trabajaron la gestión de los problemas que se encontraban en la base de su consumo; mientas que los segundos se enfocaban en la fuerza de voluntad y las razones para realizar el cambio. Alrededor del 75% de los participantes  recomendaban la búsqueda de ayuda como el camino más efectivo.

Hay que destacar que aquellos participantes que reportaban la solución del problema por sus propios medios se encontraban más enfocados en la reducción de daños, mientras que los que buscaban ayuda eran más proclives a la abstinencia. Para dar solución al problema de las adicciones creemos que es necesario un compromiso con la abstinencia, pues se ha comprobado que poner a prueba la voluntad ante la presencia de la sustancia desencadenante del consumo no suele traer buenos resultados.

En fin, como se ha podido ver a largo de este post, hay razones suficientes para no comenzar a consumir marihuana. No obstante, parecen no ser suficientes para convencer al público general sobre sus inconvenientes. Para finalizar, diré que para aquellos que sienten que tienen un problema existen soluciones, dentro de ellas, las que implican la búsqueda de ayuda y un compromiso con la abstinencia, suelen ser las más efectivas.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD