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Adicción al ejercicio físico: de la pasión a la obsesión

Adicción al ejercicio físico

Adicción al ejercicio físico: de la pasión a la obsesión

Adicción al ejercicio físico: de la pasión a la obsesión

Resulta curioso hablar de la práctica sistemática del ejercicio físico como un problema, cuando sus efectos para la salud física y mental se encuentran bien documentados. Resulta un factor protector para el manejo de numerosas enfermedades crónicas, la obesidad o el estrés, por solo citar algunos ejemplos. 

Como ocurre en nuestra relación con casi todas las cosas, el ejercicio físico resulta positivo en su medida justa. Por tanto, resulta imprescindible determinar cuál sería esta “medida justa”. Para ello me apoyaré en un interesante estudio que analizó los datos de más de un millón de personas en los Estados Unidos, publicado en Lancet Psychiatry. 

Una pauta saludable de ejercicio físico se puede establecer en torno a las tres o cuatro sesiones a la semana de un máximo de 50 minutos

De forma general, se observó que una media de tres sesiones de 45 minutos de ejercicios físicos (deportes de equipo, carreras, bici, ir al gimnasio, nadar o caminar) reduce más de la mitad el reporte de “días malos” que experimenta una persona a lo largo de un mes, cuando se compara con el de aquellos que no lo practican. También se observó que estas prácticas saludables pueden llegar a reducir entre el 12% y el 22% la carga asociada a los problemas de salud mental.

Si tuviera que sugerir una pauta saludable para la práctica de ejercicios físicos basado en el citado estudio, diría que tres o cuatro sesiones a la semana, con una duración máxima de 50 minutos debería ser suficiente. Obviamente, estas cifras son generales y pueden variar en dependencia de la edad, los problemas de salud o el entrenamiento deportivo.

De la práctica sistemática a la pasión por el ejercicio físico

Como se ha podido observar, el ejercicio físico no solo nos protege de enfermar, sino que potencia la salud y el bienestar. Este efecto positivo global puede hacer que muchas personas lo incorporen a su estilo de vida y se apasionen con su práctica. “Es mejor estar en el gimnasio que en el bar”, “salgo a caminar en lugar de estar en casa mirando la tele y comiendo”, “montar en bici por el campo me ayuda a superar mi adicción a las drogas”, pueden ser algunos comentarios que ilustren esta idea.

Las personas que se apasionan de forma obsesiva con el ejercicio físico, tienen más riesgo de desarrollar un patrón de dependencia

En fin, son muchas las personas que se apasionan con la práctica de algún tipo de ejercicio físico. El problema es que la pasión tiene dos caras, una armoniosa y una obsesiva. La pasión armoniosa está relacionada con experiencias positivas y más adaptativas, mientras ocurre todo lo contrario con la pasión obsesiva. Recomiendo la revisión del post sobre la adicción al trabajo para poder entender mejor las dos caras de la pasión.
Un reciente estudio, publicado en el International Journal of Exercise Science, reveló que son precisamente aquellas personas que se apasionan de forma obsesiva con el ejercicio físico, los que más riesgo tienen de desarrollar un patrón de dependencia. Puede decirse que la pasión armoniosa está relacionada con las consecuencias positivas del ejercicio físico y lo contrario ocurre la pasión obsesiva. 

Adicción al ejercicio físico

Impulsividad y compulsión como elementos clave

La impulsividad es el rasgo que urge a un individuo a ejecutar una conducta, que se ejecuta rápidamente, con poca o nula previsión de las consecuencias a largo plazo de la misma. Para comprender mejor este tema, recomiendo leer el post sobre impulsividad y adicciones.

Por su parte, la compulsión se refiere a la repetición de una conducta que ha perdido la relación con su objetivo original. En este sentido, la persona comienza a practicar ejercicios de forma sistemática para mejorar su estado de salud y/o apariencia física. Sin embargo, la actividad se convierte en un fin en sí mismo.

Un reciente estudio con más de 600 adultos publicado en CNS Spectrums, que tenía como objetivos establecer las dimensiones de la adicción al ejercicio y evaluar el impacto de las mismas en la calidad de vida de las personas evaluadas, aportó evidencias esclarecedoras al respecto. Para ello los autores propusieron la validación de una corta escala de seis ítems, en personas que practican ejercicios de forma regular. 

La dificultad para controlar el impulso de hacer ejercicio, se manifiesta de forma más evidente en aquellas personas con problemas emocionales

En primer lugar, la escala mostró dos dimensiones. La primera agrupaba los elementos generales de la práctica sistemática del ejercicio físico: 1) el ejercicio como actividad más importante; 2) uso para regular emociones; 3) incremento en frecuencia e intensidad con la que se practica (tolerancia); 4) irritabilidad cuando no puede realizar la actividad y 5) dificultades para reducir su práctica o dejarla durante un tiempo. Por su parte, la segunda se focalizaba en los conflictos que la misma genera en las relaciones interpersonales.

Ambas dimensiones se relacionaron con problemas de alimentación, impulsividad y la compulsión. Sin embargo, se observaron diferencias interesantes para la impulsividad. Mientras la búsqueda de sensaciones se relacionaba con los factores generales de la adicción al ejercicio físico, el impulso y regulación emocional estaban ligados a las dificultades en la relaciones interpersonales. De forma general, puede decirse que la dificultad para controlar el impulso de hacer ejercicio, se manifiesta de forma más evidente en aquellas personas con problemas emocionales. La compulsión quedaba explicada por la alta perseverancia observada en estas personas. 

Por otro lado, solamente la dimensión de los conflictos en las relaciones fue el que se relacionó negativamente con la calidad de vida. Aunque puede resultar obvio que más conflictos con familiares, pareja o amigos a causa de la práctica sistemática de ejercicio, debe traer aparejado una merma en la calidad de vida, este resultado posee otra arista de análisis. También parece sugerir que las otras dificultades reflejadas en la primera dimensión pueden pasar desapercibidas. 

Recuerdo una persona que llamó al centro Fundación Recal buscando información, asistía a dos sesiones diarias de gimnasio (más de 2h cada una), que no era capaz de interrumpir o reducir. Su pareja había roto la relación debido a esta conducta y le instó a buscar ayuda. Aun así solo reconocía el problema con su pareja, pero no el patrón de dependencia al ejercicio. 

¿Cómo se determina la adicción al ejercicio?

Una reciente revisión de 34 estudios llevados a cabo en diversos países, reconoce que se considera población en riesgo entre el 3-7% de las personas que practican ejercicios de forma sistemática y entre el 6-9% de los deportistas. Los resultados de esta revisión fueron publicados en febrero de 2019 en Sports Medicine.

Se considera población en riesgo entre el 3-7% de los que practican ejercicios de forma sistemática y entre el 6-9% de los deportistas

La adicción al ejercicio debe ser entendida como un continuo entre una práctica saludable y la dependencia. Para ello me apoyaré en las cuatro fases que se ofrecen en una revisión sobre el tema que fuera publicada en Nutrición Hospitalaria en 2015.

  • Fase 1 o práctica saludable: el ejercicio se practica simplemente por su carácter placentero y beneficioso para la salud
  • Fase 2 o ejercicio de riesgo: el sujeto percibe al ejercicio como fin en sí mismo y pueden aparecer efectos emocionales indeseados si se interrumpe su práctica.
  • Fase 3 o ejercicio problemático: la vida diaria comienza a organizarse alrededor del ejercicio. Su práctica se realiza de una forma cada vez más rígida, comienzan las dificultades para reducir su práctica y aparecen los primeros conflictos interpersonales.
  • Fase cuatro o adicción al ejercicio: la frecuencia e intensidad de la práctica se incrementan hasta convertirse en principio de vida. Los trastornos del comportamiento se tornan evidentes.

Adicción al ejercicio físico

¿Qué factores individuales explican este trastorno?

Siguiendo la citada revisión, existen mecanismos fisiológicos y psicológicos que pueden explicar la adicción al ejercicio físico. Dentro de los mecanismos fisiológicos se encuentra la sensación de euforia que se experimenta, relacionada con una disminución de la unión de opioides endógenos en distintas áreas corticales y la activación paralela del sistema endocanabinoide con el ejercicio aeróbico.

Tampoco puede dejarse de lado el rol de las catecolaminas, por su efecto directo sobre el sistema de recompensa. Además, se han observado bajos niveles de leptina en sangre en personas con un patrón de adicción al ejercicio. Sin embargo, todas estas hipótesis requieren más estudios.

Si se utiliza el ejercicio para potenciar estados de ánimo positivos, al suspenderse pueden aparecer los síntomas de abstinencia debido a la irrupción de los estados de ánimo negativos

Por su parte, el mecanismo psicológico principal puede ser la sobre-dimensión y consiguiente racionalización del ejercicio como único medio para afrontar el estrés y la gestión de las emociones. En este sentido, la práctica del ejercicio comenzaría a sustituir otras actividades cotidianas. Al ser el recurso principal para potenciar estados de ánimo positivos y reducir los negativos, al suspenderse pueden aparecer los síntomas de abstinencia debido a la irrupción de los estados de ánimo negativos.

Un estudio llevado a cabo con una población de deportistas en España, mostró que un perfil de deportista con elevada ansiedad y concepto de sí mismos, que suelen pasar muchas horas en el gimnasio, puede predecir un patrón de adicción al ejercicio. Los resultados de este estudio fueron publicados en 2012 en los Cuadernos de Psicología del Deporte.

¿Qué se entiende por “tocar fondo” en esta adicción?

Para muchas adicciones tocar fondo es un momento o estado que indica un nivel de sufrimiento que resulta mayor a los beneficios que reporta el consumo. Es una sensación de “esto es demasiado, no puedo más”, que hace que el adicto se motive a pedir ayuda. A veces con la adicción al ejercicio uno se pregunta dónde puede estar ese fondo, cuando la actividad no se percibe como un problema.

Pongamos de ejemplo el caso de Joanna, una chica de 25 años que se dio cuenta de que tenía problemas con el deporte que practicaba: el Jiu-Jitsu. El caso data de 1997 y fue publicado en Addiction Research. Reporta que entrenaba un mínimo de seis horas por día, durante la mañana y la tarde. Si perdía una sesión de entrenamiento, la compensaba durante la siguiente sesión y había comenzado a nadar durante su hora de comida. Refería sentirse irritable cuando no podía acudir a entrenar. 

Aunque no sea una enfermedad reconocida, la adicción a la práctica del ejercicio físico causa daño en la salud, las relaciones, el trabajo o los estudios y abre la puerta al consumo de estimulantes

Joanna tenía problemas con los estudios, había suspendido algunas asignaturas por no encontrar tiempo y tampoco podía mantener un trabajo a tiempo parcial, con el que sostener sus gastos. También su pareja había decidido terminar la relación a causa del tiempo que dedicaba al deporte. Se sentía cada vez más sola y aislada, pero reconoce que no podía parar. Intentó bajar la intensidad o asistir a menos competiciones, pero la sensación de malestar era tan grande que no podía mantener esas metas.

¿Cuál fue el “fondo” de Joanna? A través de la exposición del caso, interpreto que se dio cuenta que necesitaba ayuda cuando no encontraba tiempo para mantener un trabajo y sentirse que no podía parar aunque se lo hubiese propuesto. El autor del reporte reconoce que Joanna necesitó apoyo farmacológico para manejar la ansiedad que le generaba no poder entrenar. Sin embargo, reconoce que ello no era garantía de que no volviera a los viejos patrones una vez que terminase el tratamiento. 

Sin lugar a dudas, aunque no sea una enfermedad reconocida, la adicción a la práctica del ejercicio físico no es un problema menor. Causa daño en la salud, las relaciones, el trabajo o los estudios, abre la puerta al consumo de estimulantes y se relaciona con otros trastornos psicopatológicos, como los trastornos de la alimentación. Espero que este post sirva para que muchas personas ganen conciencia del problema.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD