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Adicciones y fuerza de voluntad: enfermedad vs hábito

Adicciones y fuerza de voluntad: enfermedad versus hábito

Adicciones y fuerza de voluntad: enfermedad vs hábito

Adicciones y fuerza de voluntad: enfermedad vs hábito

Las adicciones son actualmente concebidas como una enfermedad y no ha costado poco llegar a este punto. Aun así, el estigma que visibiliza al adicto como un “vicioso” que “no quiere” detener su consumo sigue muy presente en nuestra sociedad. Muchas personas que padecen una adicción se consideran a sí mismos como “viciosos” y manejan este problema como un problema moral que les causa vergüenza y culpa cada vez que fracasan en sus intentos de dejar el consumo usando la fuerza de voluntad.

La Clínica Recal para el Tratamiento de las Adicciones tiene como uno de sus objetivos combatir el estigma asociado a esta enfermedad. Don Maximilano de Habsburgo, fundador de este proyecto y su actual Presidente-Director, escribía en el prólogo del libro Adicciones ¿qué son y cómo recuperarse? que “lo más triste es que estas personas no pueden parar, aunque se lo hayan propuesto, pues la adicción hace un puente en el cerebro que desactiva la voluntad”. Por tanto, el fracaso del autocontrol o fuerza de voluntad es un elemento clave para entender esta enfermedad y poder establecer los esquemas terapéuticos adecuados.

Sin embargo, a pesar de todos los estudios y publicaciones científicas que avalan la concepción de la adicción como una enfermedad, existen posturas académicas que la desestiman y la consideran un “mal hábito” que puede ser corregido dando a las personas la motivación adecuada. Obviamente el “mal hábito” existe, pero la enfermedad de la adicción comprende muchos más aspectos a los que me gustaría hacer referencia en este post.

También estoy de acuerdo con que es importante que estas personas tengan una motivación adecuada para cambiar. Sin embargo, el tratamiento de las adicciones ha demostrado ser un poco más complejo que motivar al adicto a ir en la dirección correcta por sí mismo y esperar que mantenga el rumbo sin contratiempos.

En este post, como en tantos otros, me apoyaré de la literatura científica. En esta ocasión en una revisión realizada por dos renombrados expertos sobre el tema y publicada en Neuroethics hace algunos años.

¿Es la adicción una enfermedad del cerebro?

La concepción de la adicción como una enfermedad cerebral crónica y recidivante caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de sustancias o comportamientos ha sido defendida en importantes revistas científicas como Science. Para proponer y defender este enfoque los investigadores usualmente analizan la evidencia que durante décadas provee la investigación.

A nivel cortical se sostiene que la adicción se caracteriza por la elección de un refuerzo a corto plazo a pesar de las consecuencias negativas que ello pueda tener a largo plazo. La impulsividad como rasgo es uno de los factores clave que permite entender por qué tomamos malas decisiones. Sin embargo, la impulsividad por sí misma no es el único elemento donde se observan cambios a nivel cortical, pues la adicción también tiene que ver con los hábitos, la relevancia del estímulo, la autoconciencia y, por supuesto, la sensibilidad al estrés y la gestión de emociones negativas.

Todos estos elementos se analizan en función de las diferentes fases de la adicción. La primera se refiere al reforzamiento positivo que los individuos reciben del consumo. La segunda tiene que ver con la automatización del consumo de forma compulsiva para obtener este reforzamiento positivo. Por último, viene una fase de reforzamiento negativo, donde el consumo sigue siendo compulsivo, pero con el fin de evitar los síntomas de la abstinencia.

Al margen de la predisposición genética, existen numerosos factores que explican el desarrollo de determinadas adicciones

Quizás una manera más fácil de entender estas fases se resuma en una frase hecha que he escuchado muchas veces: “comienzas consumiendo para pasarlo bien y terminas haciéndolo para no pasarlo mal”. Es importante aclarar que estas fases descritas pueden variar dependiendo de las sustancias y también de las personas.

También es fundamental tomar en consideración la predisposición genética que numerosas personas muestran hacia el desarrollo de determinadas adicciones. No por ello debe entenderse que todo el que tiene una predisposición genética está condenado al desarrollo de una adicción. Existen numerosos factores que pueden explicar que la balanza se incline hacia un lado o hacia el otro. En este punto me auxiliaré de otra frase hecha: “los genes cargan el arma, pero es el ambiente el que aprieta el gatillo”.

 

¿Libertad de elección?

Cada enfermedad supone determinadas consecuencias y limitaciones para el que la padece y también para las personas que le acompañan y le cuidan. Desde este supuesto, toca determinar cuáles son las consecuencias y limitaciones que tienen las adicciones. En este caso, la afectación estaría sobre la capacidad de elegir libremente abstenerse de ejecutar una conducta, por ejemplo, consumir una sustancia.

Este supuesto eleva el debate de las neurociencias hasta el libre albedrío. Existen experimentos donde ha podido demostrarse que la “sensación de elección” aparece 350 milisegundos antes de que podamos procesarla cognitivamente. Es probable (quiere decir tal vez), que cuando creemos que estamos tomando una decisión razonada y consciente, lo que ocurre en realidad es que simplemente estemos encontrando los elementos para justificar una elección emocional que hemos realizado 350 milisegundos antes.

Debido a ello, no son pocos los neurocientíficos que sostienen que el libre albedrío es solo una ilusión. Un ejemplo de ello son los votos “viscerales” que realizan muchas personas durante un proceso electoral. También resulta interesante que todas las campañas publicitarias intenten detonar estos resortes emocionales de la toma de decisiones.

Devolver la libertad para elegir con sano juicio

En este punto, nuestro programa de tratamiento es bien claro, pues busca cuestionar el propio proceso de razonamiento de la toma de decisión. En este sentido el concepto de sano juicio, entendido como la capacidad de someter el propio análisis a cuestionamiento, tanto del individuo que lo realiza como el de otros, compañeros o profesionales, resulta fundamental.

No son pocos los pacientes que se rebelan ante las normas y límites de nuestro régimen residencial, cuestionando los horarios, las actividades, la limitación en la cantidad de llamadas, la suspensión de la comunicación con personas de consumo o la propia necesidad de abstinencia.

El programa de la Clínica Recal está diseñado para devolver la libertad a los pacientes, la libertad de elegir si quieren consumir o no

“¡Es que este programa me quita la libertad!” suelen exclamar algunos. La respuesta es muy simple: “Este programa está diseñado para devolverte la libertad, la libertad de elegir si quieres consumir o no. En consumo no tenías esa libertad porque eras esclavo de tu adicción”. Aquí vuelvo a echar mano de dos frases hechas: “mi mente me miente” o “mis mejores ideas me han traído a esta silla”. Ésta última frase hace referencia a que la persona ha ingresado en un centro de tratamiento como consecuencia de sus malas elecciones.

Se recalca que la opción de ingresar y seguir nuestras normas es, en sí misma, una decisión libre, pues nadie le obliga a seguirlas o estar en el centro. “A nuestra puerta hay que llamar para entrar, pero está abierta para salir”, lo cual es literal. Con esta frase le recalcamos la idea al paciente de que no fuimos a buscarle y que ha tenido que hacer un proceso de entrevistas clínicas y aportación de analíticas para ingresar, pero que puede irse en el momento que desee con solo firmar un Alta Voluntaria.

De hecho, nuestro tratamiento tiene como objetivo que el paciente esté libre de la dependencia fisiológica y psicológica de las sustancias o comportamientos que secuestran su voluntad, para que pueda elegir con sano juicio.

¿Basta con motivar solamente?

Mi experiencia en el tratamiento de las adicciones me sugiere que la motivación para el cambio de hábitos es importante, pero no puede ser la piedra angular del tratamiento. También he aprendido que para muchos individuos resulta imposible hacer lo sin ayuda.

“Solo no puedo” es otra de las máximas del tratamiento. Los estudios sobre la intención, cualquiera que esta sea, han demostrado que suele debilitarse a medida que pasa el tiempo. Por tanto, como para cualquier otra intención, este principio también podría aplicarse a la intención de no consumir. Por tanto, la persona que padece una adicción necesita motivación, pero también necesita recursos para implementarla.

El principio de la ayuda mutua ha demostrado ser un recurso muy importante para el mantener la abstinencia. Sin embargo, para sostener la abstinencia se necesita cambiar el estilo de vida que la persona había estado llevando hasta el momento. Este es un cambio profundo que una persona difícilmente podrá ejecutar sin ayuda.

 

A modo de conclusión

La adicción es una enfermedad que carga con un estigma tremendo en la sociedad, pues muchas personas no la reconocen como tal, incluido aquel que la padece.

En la adicción el consumo es más que un hábito, pues llega a formar parte del estilo de vida de una persona. Es la herramienta, obviamente disfuncional, con la que gestiona sus emociones y preocupaciones, con la que hace frente al estrés y a los problemas de la vida cotidiana.

Una persona en consumo no tiene la libertad para elegir libremente dejar de consumir, puede ser que lo intente por sí mismo, pero los estudios son claros en señalar que la mayoría de estos intentos terminan fracasando.

Aunque existe el concepto de recuperación natural, las adicciones son unas de las enfermedades más costosas para los sistemas de salud y la sociedad en general. Son necesarios numerosos recursos para ayudar al paciente adicto y sus familiares a sobreponerse y adquirir las herramientas necesarias para el cambio.

 ¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD