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Adicciones y Navidad, la tormenta perfecta

Adicciones y Navidad

Adicciones y Navidad, la tormenta perfecta

Adicciones y Navidad, la tormenta perfecta

La Navidad es una época de encuentro y unión familiar. Se escucha hablar del espíritu de la Navidad para hacer referencia a la sensación de bienestar, armonía, conexión y paz que se experimenta en las personas. Son fechas en las que solemos hacer cosas que no hacemos de forma habitual como sonreír y felicitar a un desconocido, o abrazar a nuestros compañeros de trabajo.

También es una época de muchas fiestas, que comienzan antes de la Nochebuena. Celebraciones con los compañeros de trabajo, con los amigos y, por supuesto, con la familia; donde hacemos y recibimos regalos. Podemos sentirnos más desinhibidos y generosos, con deseos de compartir y celebrar.

Hasta aquí todo bien, pero donde hay luces también se proyectan sombras. Existen numerosos estímulos para que compremos, bebamos, juguemos y, de forma general, seamos más indulgentes con nosotros mismos. En este sentido, muchas personas suelen comer, comprar o beber mucho más de lo que habían planeado. Luego las resacas, los kilos de más o el dinero de menos en la cuenta corriente, nos dejan la sensación de que nos hemos pasado un poco. Pero como digo, sigue siendo una experiencia bastante corriente.

Sin embargo, existe un grupo de personas que tienen dificultades con el control de los impulsos y que pueden verse afectados en mayor medida por estas fechas. En el presente post me gustaría analizar por qué el riesgo de abuso, consumo o recaídas puede ser mayor en Navidad para aquellas personas que padecen una adicción.

No me quiero auxiliar en este post de artículos científicos, pues no creo que sean necesarios para puntualizar lo obvio. Basta escribir “adicciones” y “navidad” en el buscador de Google y aparecen al instante más de 8 millones de resultados.

Ambiente y enfermedad: “los astros se alinean”

Hace algún tiempo dedicaba un post íntegro a analizar la influencia de los factores ambientales y genéticos en el desarrollo de las adicciones, donde existe una idea rectora: los genes cargan el arma y el ambiente la dispara. Pensemos en una persona que tenga una predisposición genética hacia el consumo de alcohol, si esta persona nace en un lugar donde no hay alcohol y no existe posibilidad de conseguirlo, es el entorno el que se encarga de controlar que la adicción al alcohol no se desarrolle. Ahora imaginemos que esa misma persona se muda a un lugar donde el consumo de alcohol es una experiencia promovida y común, es el entorno el que se encarga de promover el desarrollo de esta adicción.

En las fiestas que rodean la Navidad nuestro entorno suele ser muy permisivo e, incluso, alienta al consumo compulsivo, donde no se censuran algunos excesos. Hace poco veía en las noticias que los controles de alcohol y drogas se incrementaban en las carreteras, y aun así muchos conductores rozaban el límite legal permitido de alcohol antes de las 12 del mediodía. Muchos se excusaban ante las cámaras refiriéndose a las fechas, “es que estaba brindando con algunos colegas” o “no es nada, solo era un brindis”, son solo dos ejemplos.

En Navidad nuestro entorno suele ser muy permisivo e, incluso, alienta al consumo compulsivo, no censurando algunos excesos

A este recurso se le denomina minimizar. Las personas restan importancia a la realización de determinadas conductas y sus consecuencias. También existe la tendencia a creer que los demás serán indulgentes con nosotros y nos comprenderán, aunque sean agentes de tráfico pidiéndote que hagas un control. Y la realidad es que ¡es así! Muchas personas suelen tornarse más indulgentes con ciertas conductas. De lo contrario la frase “un día es un día” no tendría mucho sentido.

Un trago es demasiado y muchos… ¡abren la Caja de Pandora!

“Yo no tengo problemas con el alcohol, mi problema es la coca” o “solo daré un trago” son dos frases que ilustran el desconocimiento que existe sobre el efecto del alcohol y su implicación para desatar otros consumos. Una frase que he escuchado a muchos miembros de AA es que “un trago es demasiado y muchos no son suficientes”, pero ello no se aplica solo al alcohol. Cuando un adicto, ya sea a una sustancia o a un comportamiento bebe un trago, se abre la Caja de Pandora. Quizás en ese momento no pase nada, pero ha quedado abierta.

Cuando un adicto, ya sea a una sustancia o a un comportamiento bebe un trago, se abre la Caja de Pandora

“Ves, estuve en la cena de empresa, solo bebí un par de copas y no pasó nada” es una frase muy común para muchas personas, que luego ni siquiera pueden sostenerse en pie o mantener una conversación cuando llega la cena del Nochebuena, eso si aparecen. ¿Cuántos adictos a la cocaína llamaron a su “camello” a la tercera copa o se fueron a buscar sexo con prostitutas? ¿Cuántos adictos al juego han despertado al día siguiente con la cuenta corriente en cero o con deudas después de pasarse la noche apostando online tras el “primer trago”?

En fin, el alcohol  es una reserva para muchos adictos aunque no sea su sustancia o comportamiento de elección. Para un adicto, sostener la intención de no consumir es una meta tremendamente difícil para la que necesita todos sus recursos cognitivos funcionando al 100%.

“Yo solo iba a por un regalo…”

También se dice que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno. Para alguien con un patrón compulsivo de compras cualquier día del año es bueno para dejar sin saldo una tarjeta de crédito, así que una época donde comprar es la regla y no la excepción, resulta un detonante perfecto.

La Navidad facilita la recaída de las personas con un patrón compulsivo de compras

Al realizar otra búsqueda en Google con los parámetros “compras compulsivas” y “navidad” surgieron más de 300.000 resultados.  “La Navidad incrementa el trastorno de las compras compulsivas” y “Cómo evitar las compras compulsivas en Navidad” fueron los títulos más frecuentes. Por tanto, resulta obvio que estas fechas resultan propicias para facilitar las recaídas de las personas con este problema.

¿Cómo debe actuar la familia?

Para la familia de una persona afectada por la enfermedad de la adicción la llegada de estas fechas supone un motivo añadido de preocupación y sufrimiento. Muchas veces resulta la crónica de una “muerte” anunciada, pues anticipan lo que puede ocurrir y solo queda esperar el desenlace. “Terminará liándola seguro”, suelen afirmar algunos familiares; sin embargo, hay esperanza si el familiar busca ayuda y comienza a cambiar el control por los límites.

La Navidad supone un motivo añadido de preocupación y sufrimiento para los familiares del adicto

Para la familia en recuperación, la Navidad puede ser una buena oportunidad para establecer límites claros y así prevenir el desastre o ayudar a que el adicto toque fondo y pida ayuda. No es objeto de este post recomendar cuáles son los límites más efectivos, para eso la Fundación Recal pone gratuitamente a disposición de las familias que llaman al centro pidiendo ayuda, dos Grupos Terapéuticos semanales en nuestra sede de Majadahonda y otro en la de Madrid.

Solo me gustaría transmitir que existe esperanza si el familiar entiende que no sólo es el adicto el que debe cambiar su comportamiento. Quizás el mejor regalo que se pueda hacer un familiar es entender que si sigue haciendo lo mismo, difícilmente podrá obtener resultados diferentes, que también la familia tiene un problema y que necesita cambiar como sistema.

Riesgos para el adicto en recuperación 

Cuál es tu plan para prevenir una recaída en la Navidad, preguntaba a un paciente con 6 meses de abstinencia en una sesión. Inmediatamente comenzó a narrarme cómo se protegería durante la cena de Nochebuena, pero desconocía si el Grupo de NA al que asiste permanecería funcionando los días que usualmente lo hace, o con qué compañeros podría quedar si necesitara ayuda. Simplemente, asumía que todo seguiría como siempre.

No cuestiono la buena voluntad de este paciente, ni su firme deseo de mantenerse abstinente, pero comprendo que no es capaz de calcular objetivamente los riesgos asociados a estas fechas y esto mismo le pasa a muchos otros. Para ello basta ver los cerca de 500.000 resultados que arroja Google cuando se introducen las palabras “navidad” y “recaída”, donde los títulos “la peor época para los adictos”, “vuelven las recaídas” o “la época con más recaídas” suelen ser los más frecuentes.

A modo de conclusión

Las fechas que se avecinan son probablemente las más bonitas del año en nuestra cultura, por el significado que traen aparejado. Es por ello que solemos otorgarnos licencias que en otros momentos no nos concederíamos. Estoy seguro de que se puede disfrutar sin excesos, si las personas se focalizan más en los aspectos espirituales que en los asociados al consumo.

Para las personas afectadas por la enfermedad de la adicción y sus familiares suele ser una época muy difícil. En estos casos sugiero que el mejor regalo que se pueden hacer es comenzar a mirarse a sí mismos y tener el valor de buscar ayuda en caso de ser necesario.

¡Felices Fiestas!

Boris C. Rodríguez Martín PhD