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Carta de despedida Fase 1: «Mis padres me decían que tenía la mirada limpia»

Carta de despedida de sustancias adicto en recuperación en Fase I: El tratamiento me funciona

Carta de despedida Fase 1: «Mis padres me decían que tenía la mirada limpia»

Carta de despedida Fase 1: «Mis padres me decían que tenía la mirada limpia»

Llegué el 10 de septiembre de 2019, aterricé en RECAL a las 9:00 de la mañana, hasta hace poco pensaba que había entrado de carambola y ahora siento que algo me trajo hasta aquí.

El 1 de septiembre pedí ayuda a mi padre y a otra persona y después de muchas dudas y de buscar otras opciones acabé ingresando. Estaba desesperado, desequilibrado y no me quedaban energías para luchar, mi vida no tenía sentido.

Del primer mes casi no tengo recuerdos ya que llegué con insomnio crónico, sí recuerdo el calor y cercanía de los compañeros cuando llegué. El 10º día fue el momento más difícil y crítico, no conseguía dormir y pedí el alta y también una ambulancia. Pero aguanté y al poco me empecé a implicar en mi recuperación. El primer mes tuve que enfrentarme a un carácter obsesivo, que muchas veces me sacaba del tratamiento e instintivamente empecé a usar una herramienta básica de mi recuperación, el compartir con mis compañeros quitaba fuerza esas obsesiones.

Con el tiempo aparecieron nuevas obsesiones aunque yo las identificaba y pude poco a poco desconectar de ellas conectándome con mis compañeros. El primer mes estuve iracundo, demandante y muy reactivo, realmente entre siendo insoportable.

Instintivamente empecé a usar una herramienta básica de mi recuperación, el compartir con mis compañeros quitaba fuerza esas obsesiones.

Hice una historia de mi vida y arriesgué, compartí y poco a poco fui confiando. Con ella me di a conocer al guapo. En lectura de trabajos empecé a identificarme con mis compañeros y gracias al 7 × 5 me di cuenta de todos aquellos momentos negativos por los que pasado a causa del consumo.

Al mes, el sueño empezó a regularse, lo único que hice fue hacer caso al equipo médico (por primera vez en años), todavía no confiaba en ellos. Al principio del tratamiento demandaba una o dos visitas a la semana y ahora son ellos los que me tienen que avisar. Parece poca cosa, sin embargo, en mi caso es muy indicativo y un gran avance.

Con el primer paso se me hizo más clara mi impotencia ante sustancias y comportamientos, sin embargo la ingobernabilidad me costó más verla. Ahora lo hago todos los días. En mis primeras salidas tuve que torcer mi voluntad y obedecer, recuerdo como odié a Boris cuando no me dejó ir a ver a mi perra, pero lo saqué en el Everest y se me acabó pasando. La obediencia ha sido fundamental en lo que llevo de tratamiento, entienda o no lo que me digáis. Aunque también he cometido errores.

La obediencia ha sido fundamental en lo que llevo de tratamiento, entienda o no lo que me digáis.

Con el segundo paso comencé a trabajar la espiritualidad de la cual creía que carecía, pero solo estaba enterrada. Ahora con perspectiva veo que algo superior a mí y a mi adicción me ha estado ayudando, si no no estaría leyendo esto. A partir del mes y medio los cambios siguieron produciéndose y las cosas se fueron colocando en su sitio (como me dijeron que pasaría). La relación con mis padres mejoró y aunque me resistía a involucrar a mi madre cedí y ahora agradezco que lo haya hecho. Me decían cuando les iba a ver que tenía la mirada limpia y que ya me notaban «diferente», eso me daba mucha fuerza para seguir adelante.

Mis padres me decían que tenía la mirada limpia y que ya me notaban «diferente», eso me daba mucha fuerza para seguir adelante.

En esta etapa tuve muchos problemas con mis cambios anímicos, pero aplicar el solo por hoy me ayudó a entender que era un proceso normal y que con las horas los días eso iría cambiando, y así fue. También entendí que tenía derecho a sentirme triste, ansioso o culpable y empecé a juzgarme con menos severidad. Comencé a identificar mejor mis emociones, la intolerancia y la soberbia estuvieron muy presentes en estas semanas y tardé en verlas. También estuve muy impaciente por avanzar y me generó frustración, poco a poco voy entendiendo que el proceso es lento y largo. El sonambulismo me llegó a obsesionar, pero con el tiempo perdió fuerza, compartí y solté.

Entendí que tenía derecho a sentirme triste, ansioso o culpable y empecé a juzgarme con menos severidad.

En el tercer paso es en el que tengo más dificultades, soy terco, controlador y poco humilde, creo que es algo heredado, pero sigo trabajando en poner mi vida y mi voluntad al cuidado de un poder superior. En este periodo, entre los dos meses y medio y tres meses de tratamiento tuve muchos días complicados, olvidé que la rendición era diaria, mi perfeccionismo me generó frustración, me sentía inseguro, me costaba conectar y en muchos momentos no me sentía capaz de seguir con el tratamiento y la recuperación.

Volví a pedir ayuda a compañeros, monitores y terapeutas y empecé a compartir más, aunque fuesen cosas que creía que no me afectaba. El fin de semana llamaba y pedía consejo y en los grupos de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos comenzaba a sentir alivio. También me di cuenta de que minimizaba, pero ahora sé que las cosas a las que no doy importancia en principio, me pueden afectar.

Volví a pedir ayuda a compañeros, monitores y terapeutas y empecé a compartir más, aunque fuesen cosas que creía que no me afectaba.

Después de muchos años me retiraron las benzodiacepinas y soy otra cosa. A día de hoy me sorprende que no acabo de entender mi ansiedad sin ellas.

Gracias al cuarto y quinto paso empecé a conocerme mejor; mis emociones, miedos y vergüenzas, mis puntos fuertes y mis debilidades. En este último mes he avanzado mucho, pude empezar a través de la reflexión entregar un problema y soltar el resultado y muchas veces conseguía superarlo. Por ejemplo, cuando me encontraba ansioso y preocupado por un miedo irracional hablar en público conseguía que haciendo esto lo pudiera hacer con relativa tranquilidad (estuve años no enfrentándome a este miedo).  Mi carácter se fue calmando más y empecé a saborear la serenidad, qué sensación tan placentera. Seguir aplicando la buena voluntad, accedí a todas las indicaciones y observaciones. Aunque tuve un pequeño gran problema con la cafeína y el tabaco…

Mi carácter se fue calmando más y empecé a saborear la serenidad, qué sensación tan placentera.

Ahora no antepongo nada a mi recuperación y he renunciado a mis comodidades, a mis amigos, al trabajo, al dinero y, sobre todo, a mi perra a la que quería más que a mí mismo. Sé que tendré que renunciar a muchas otras cosas en el futuro. Otro pequeño milagro ha sido que se me ha concedido vencer a mi hipocondria, sigo con el pitido en el oído, pero yo he hecho mi parte y lo he soltado…

El tratamiento a mí me funciona, he recuperado la esperanza, la alegría y la ilusión.

En conclusión, el tratamiento a mí me funciona, he recuperado la esperanza, la alegría y la ilusión. Yo he puesto acción y en lo demás he sido obediente y he priorizado mi recuperación por encima de todo. Paciencia, honestidad (fundamental), confiar y compartir. Y ahora, otro valor que empiezo a tener, el agradecimiento y de corazón:

Gracias a todo el equipo de Recal he vuelto a confiar en las personas y ya me siento como parte de esta familia.

Mamá, muchas gracias por haberte involucrado, sé que no ha sido fácil para ti. Gracias por perdonarme e intentar comprenderme, por tu cariño y amor incondicional. Te quiero mucho.

A mi segunda madre, porque me has cuidado como a un hijo, siempre te has preocupado por mí, por buscarme este tratamiento, por tus abrazos y tu optimismo, por darme ánimos siempre que nos vemos y por interceder con mi padre, te quiero.

Papá, por tu amor, por tu apoyo por el esfuerzo económico para poder estar en recuperación cuando tu curras como un animal por todos tus hijos, por perdonarme por quererme, por tu fortaleza, por ser un ejemplo para mí, por los grandes momentos que hemos tenido y los que volveremos a tener, que nunca más nos separemos.

Mamá, gracias por haberte involucrado, por perdonarme e intentar comprenderme, por tu cariño y amor incondicional.

A mi abuela y mi abuelo, a mis tíos, sé que veláis ahí arriba por mí, os tengo presentes (DEP). A mis compañeros, los que estaban, los veteranos y los recién llegados, de todos he aprendido algo, ahora sé que sin vosotros no puedo y os quiero en mi vida para seguir adelante, que yo seguiré en recuperación y os necesito a vosotros también en este camino que no estamos solos y que de verdad SE PUEDE.

Por último, me agradezco a mí mismo con orgullo alegría convicción y cautela, por el esfuerzo que hecho y las cosas que este esfuerzo me han dado.

Fdo. Un adicto en recuperación