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Buena voluntad

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Buena voluntad

Buena voluntad

Las adicciones se caracterizan por la dificultad que tienen las personas de controlar el deseo de consumir a pesar de las consecuencias adversas que les puede traer a las personas en distintas áreas de su vida. En el camino que va del uso de una sustancia al reconocimiento de la adicción existen numerosos fracasos en los intentos de controlar o suprimir el consumo. Es la “crónica de una muerte anunciada”, todos saben cómo van a terminar las mejores intenciones y promesas de dejar el consumo.

El fracaso del autocontrol para controlar el deseo de consumo ha sido documentado en numerosos estudios. Sin embargo, muchas personas siguen creyendo que solo necesitan un poco de fuerza de voluntad. De forma general, el autocontrol o fuerza de voluntad se sostiene sobre el establecimiento de una intención, los recursos internos para llevarla a cabo y la motivación para sostenerla en el tiempo.

Si ello fuera cierto, las personas que logran la abstinencia obtienen recursos de afrontamiento y se encuentran altamente motivadas para dejar de consumir no deberían recaer. La realidad muestra que las estadísticas para las personas que sostienen su recuperación en estas premisas de fuerza de voluntad no son muy alentadoras. De cada 10 personas que termina un tratamiento, es muy probable que solo uno se mantenga sin consumir al concluir el primer año.

Debido a ello, la recuperación de adicciones no puede sostenerse solamente con las mejores intenciones de las personas. Como bien dice el proverbio, el infierno está empedrado de buenas intenciones. En la Clínica Recal para el Tratamiento de las Adicciones preferimos utilizar la Buena Voluntad como concepto nuclear. Entonces, de todos los componentes de una intención debemos encontrar cuál es el que más se adecua a nuestro enfoque.

El primer componente se refiere al control percibido, que es la percepción de nuestra capacidad para controlar una conducta. En el área de las adicciones su sobredimensión puede llevar a las personas a la “ilusión de control”. Frases como “yo puedo parar cuando quiera” o “nunca más voy a consumir” suelen ser los mejores ejemplos de su escasa utilidad terapéutica.

El segundo componente hace referencia a la presión social para inhibir determinada conducta. En ausencia del entorno seguro que proveen algunos centros de tratamiento o los grupos de ayuda mutua, existe demasiada permisividad con el uso recreativo de determinadas sustancias si solo son “para consumo personal” y qué decir del alcohol o las apuestas.

Por tanto, solo nos queda apelar a la actitud, que es el tercer componente y a mi juicio, la categoría psicológica que respalda el concepto de buena voluntad. La actitud es fundamental para sostener todo el proceso de cambio que debe realizar el paciente.

En muchas ocasiones pasará por momentos difíciles, escuchará cosas que no quiere, tendrá que lidiar con emociones nada agradables o recordar episodios que le causan dolor. Todo ello le puede llevar a querer abandonar el camino y solo su actitud positiva ante el proceso es lo que les permitirá reevaluar la nueva intención que se va formando. Frases como “este proceso me compensa” o “prefiero el peor día en recuperación que el mejor en consumo” ilustran el concepto de Buena Voluntad.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.