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Carta de despedida de sustancias: «Os llevasteis por delante a la persona que era, pero os prometo que la recuperaré»

Carta de despedida de sustancias

Carta de despedida de sustancias: «Os llevasteis por delante a la persona que era, pero os prometo que la recuperaré»

Carta de despedida de sustancias: «Os llevasteis por delante a la persona que era, pero os prometo que la recuperaré»

Hoy es el octavo cumpleaños de mi hija mayor y por vuestra maldita culpa (las sustancias), no lo he podido disfrutar con ella. Es lo que más me llega al corazón, es el primero que no paso con ella por haber tenido que ingresar tres meses en un centro para hacer un tratamiento intensivo, ya que en numerosas ocasiones os he intentado dejar por mi cuenta, e incluso en un centro ambulatorio, y no me habéis dejado. Tuve que rendirme ante vosotras porque sois muy fuertes para mí, lo entendí y me rendí a vosotras porque ¡sola no puedo!

Habéis hecho en mi vida un gran destrozo que dudo se pueda solucionar tan fácilmente. Habéis convertido mi vida en total ingobernabilidad. Habéis hecho que pierda todo: mi marido, la unidad familiar, he perdido mi casa, me habéis dejado en la calle, y lo más importante: mis hijas. Os llevasteis por delante mis principios y valores, mi moral, mi dignidad, sacasteis lo peor de mí, me convertisteis en una fiera, os llevasteis a la persona alegre, cariñosa, humilde y generosa que era, pero os prometo que la recuperaré. Confío que con las herramientas del programa de los 12 pasos (buena voluntad, humildad, honestidad y receptividad) volveré a reencontrarme con ella.

Me habéis hecho tanto daño que en ocasiones prefería haber estado muerta, me convertisteis en una persona tan egoísta que no me dejabais pensar ni en mis hijas, solo queriendo morir.

Por todo ello, malditas sustancias, os digo ¡adiós! Con toda la seguridad del mundo, sin ninguna pena, sin ningún reparo a pesar de todo el tiempo que llevamos juntas, finalmente, con mucha rabia en mi interior a causa del daño que me habéis hecho en mi vida, os digo adiós.

Empiezo por ti alcohol:

Fuiste el primero en aparecer en mi vida, engañaste a una niña que es lo que era cuando te conocí.

Poco a poco fuiste adentrándote en mi vida haciéndome creer que eras totalmente inofensivo, me engañaste alegrándome y desinhibiéndome cada noche del fin de semana, los primeros que salía, haciéndome creer que me ayudabas, que no me hacías daño. Prometías noche de fiesta con menos vergüenza para relacionarme e incluso mantener relaciones, haciéndome creer que si no te consumía no iba a estar a la altura de los demás, ni a la altura de mis amigos. Casi siempre me acompañabas muy desmesuradamente, tanto que en dos ocasiones hiciste que acabará en un hospital con coma etílico, casi llegando a la muerte.

En esos momentos era cuando me prometía dejarte, pero hacías que se me borrara ese sentimiento para volver a estar juntos la siguiente noche de fiesta. Sutil y poderoso, me has ido acompañando a lo largo de mi vida, haciéndome creer que todo estaba bien, incluso que te necesitaba para hacer frente a algunas situaciones y que los problemas no lo eran tanto si estaba contigo.

Y así, con una cerveza comenzabas a hechizarme y camuflarte en felicidad y finalmente lo que me hacías sentir era ansiedad de no poder dejar de consumirte y esto se convertía en una pesadilla que duraba días, porque detrás de esa falsa felicidad venía la realidad que me provocabas: ansiedad, frustración, culpabilidad y malestar físico, tanto era así, que me dejabas en cama sin ser capaz de hacer nada a causa de tus duras y largas resacas.

Y así pasaron los años a tu lado, con idas y venidas consumiéndote en cada evento social que tenía, te hiciste indispensable para mí. Y de ahí, viniste a presentarme a tus compañeras y aliadas, las drogas, las otras drogas porque me hiciste creer que ya no eras suficiente para mí. Pero hoy, por fin, después de esta intensa y larga relación te digo adiós, alcohol.

Sigo contigo, los éxtasis:

Fuisteis la primera droga sintética que probé. Me gustó mucho conoceros, fuisteis muy sibilinas y llegasteis para quedaros conmigo una larga temporada. Dabais vida a todas mis fiestas, largas noches de fiesta, me dabais fuerza hasta el amanecer. Nos hicimos inseparables en esas noches de locura. Me hacías excitarme hasta el punto de no notar el cansancio a pesar de las largas horas de fiesta, me hacías ser energía pura.

Gracias a vosotras conocí a mucha gente, haciéndome creer que cualquiera me valía, que cualquiera me venía bien para compartirte, dando ese amor y amistad falsos que era lo que me provocabas.

Me sumergías en un estado de tanta felicidad que luego me resultaba muy difícil salir de él, llegando la hora de tener que irme a casa y vosotros no me dejabais.

Noches que acababan con desconocidos en una casa o en cualquier after hasta volver al amanecer. Llegando a tener grandes problemas familiares, no dejando descansar a mi madre hasta que no llegaba ya que no sabía si iba a regresar a casa o me había pasado algo, le hice la convivencia imposible por vuestra culpa, éxtasis.

Cuando llegaba a casa, me habías excitado tanto que era incapaz de dormir, llegando a una intensidad extrema por no poder descansar.

Por no hablar de la semana que me esperaba, llegando a incorporarme los lunes destrozada física y mentalmente. Teniendo discusiones con mis superiores a causa del bajo rendimiento y la inestabilidad emocional que me creabas y que, generalmente, acababa sumergiéndome en una gran depresión. Pero me tenías tan embelesada que vuestra separación solo duraba otro fin de semana.

Por todo ello, por todo el mal que me habéis ocasionado, hoy os digo, ¡adiós, éxtasis!

Es tu turno, cocaína:

La que más daño has hecho en mi vida. Dañina, la que más tiempo has estado a mi lado. Primero, me prometiste sentirme mejor después de consumir grandes cantidades de alcohol. Seguimos con nuestra relación para estar largas mañanas de fiesta «chill out», después de haber estado toda la noche, te camuflabas en bondad bajándome la excitación que me provocaban tus compañeros los éxtasis. Para estar largas mañanas en algún hogar sin tan siquiera conocer a su dueño, rellenando esos ratos de diálogo sin ningún argumento, ni sentirme identificada con ellos, sin compartir nada más que a ti, cocaína.

Falsas amistades y falsas expectativas es lo que me provocabas. Cuando te consumía me hacías llegar a un estado de tanta felicidad y comodidad extrema a la vez que me creabas mucha dependencia, no pudiendo parar, obsesionándome y queriéndote más y más sin ningún control, no pudiendo ni siquiera pensar en las consecuencias que estos actos me traerían.

Cuando conseguí sacarte de mi vida porque fue mayor el deseo de crear una familia con el que era mi amor verdadero, y lo conseguí, de nuevo apareciste en mi vida en un momento de debilidad en el que estaba pasando una gran depresión. Después de 12 años te anclaste aún mucho más a mí, cocaína, ya no solo me acompañabas en mis largas noches de fiesta, de excesos y locura, sino que también últimamente casi a diario, camuflando mis miedos y sentimientos, hasta no ser capaz de tomar decisiones, me paralizaste.

Fuiste el desencadenante de que se acelerara mi proceso de cáncer. Cuando enfermé se me vino el mundo abajo, fueron muchos cambios y sufrimiento para mí, pero ahí estabas tú, fiel a mi lado. Íbamos juntas a los ciclos de quimioterapia que me daban porque me hacías creer que así los pasaba mejor. Cada día me hundías más y más a la vez que te necesitaba más y más. Me aislaste del mundo exterior, no me dejabas ni relacionarme ni apoyarme en nadie porque a todos los que me decían que te dejase, los veía como enemigos. Nos quedamos solos tú y yo. Haciendo sufrir por todo a mi marido, a la persona que más he querido en mi vida, al padre de mis dos maravillosas hijas, viendo como poco a poco me ibas matando más y más.

Al final no pudo más y se marchó. Han sido los dos peores años de mi vida, sin duda. No me dejabas escapar de ti, el bienestar con el que me engañabas cada vez duraba menos y te necesitaba más. Martirizabas mis noches de descanso a causa del nerviosismo que provocabas en mí y la ansiedad y depresión de pensar que mis problemas no solo seguían ahí, sino que se multiplicaban por tres, metiéndome en problemas de los que cada vez me era más difícil salir.

Has estado relativamente poco en mi vida, sobre todo esta última temporada, pero el destrozo que has hecho en ella, no te lo perdonaré ¡jamás!

Me has quitado todo absolutamente, te has llevado todo por delante, y lo más valioso, no me canso de repetirte, que son mis dos hijas. No quiero volver ni a escuchar tu nombre ¡te odio!

Ahora vosotras, las benzodiacepinas:

Aunque seáis legales y de fácil acceso, y aparentemente las más inofensivas, no por ello sois las menos dañinas. Habéis hecho que dependa de vosotros para dormir. No conseguía dormir después de esos días locos que me pasaba consumiendo, en las que tantas sustancias tenía en mi cuerpo que no me dejaban relajarme, pero ahí estabais vosotros para que consiguiera dormir, fieles a mí. Normalmente no tenía suficiente con una y os consumía sin ningún control porque me ibais dejando de hacer vuestro efecto sedante. Pudiendo haber acabado con mi vida en muchas ocasiones, y así fue, ya no pasaba una noche sin vosotras.

Así pues, os digo adiós, se acabó, ya estoy cansada de luchar contra vosotras, sustancias, de vuestra esclavitud,  del infierno al que me habéis llevado y del altísimo precio que estoy pagando para conseguir salir de vuestro lado. ¡Me rindo!

Os dejo aquí y me voy yo sola, para formar el proyecto que quiero construir que es el de VIVIR.