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Comprometidos con el trabajo, ¿pasión o adicción?

Adicción al trabajo

Comprometidos con el trabajo, ¿pasión o adicción?

Comprometidos con el trabajo, ¿pasión o adicción?

El trabajo, además de un medio de vida, es una importante fuente de desarrollo y realización profesional para numerosas personas. El entusiasmo por conseguir las metas propuestas, la implicación con el equipo y lo placentero que dicha actividad resulta, hacen que la semana se pase volando para muchos y la llegada del lunes sea un acontecimiento positivo y deseado. En fin, a muchas personas les apasiona su trabajo y eso es positivo.

La pasión por el trabajo se logra a través de un proceso, en el que los valores y actividades de la organización se convierten en una parte importante de la identidad del trabajador. El problema es que ello puede ocurrir de dos maneras, una armoniosa y otra obsesiva. Una interesante revisión sobre el tema ha sido recientemente publicada en Ciencias Psicológicas.

La pasión armoniosa

En la pasión armoniosa,  la integración del trabajo en la propia identidad ocurre de manera autónoma. Pongamos por ejemplo a un chico, que comienza a trabajar de ayudante de cocina en un restaurante y descubre en ese sitio la vocación de ser cocinero. Se siente parte del equipo y se anima a estudiar y elaborar mejores platos. Las cantidad de clientes que acuden y el dinero que ingresa el local por las ventas, se convierten en una medida del resultado de su trabajo y un indicador de cuánto pueden estar gustando sus platos. También entiende que forma parte de un equipo y que hace falta que toda la organización funcione como un reloj: disponer de productos de buena calidad, limpieza y orden del local, rapidez y buen trato de los camareros, por solo citar algunos ejemplos.

Cuando la pasión por el trabajo es armoniosa favorece emociones positivas, sentimientos de autonomía, competencia y eficacia y deja tiempo para otros aspectos de la vida

Este chico no solo cocina para cobrar su salario, sino que esta actividad se ha convertido en una parte de su identidad, elegida libremente y sin renunciar a otros componentes de la misma. La pasión es armoniosa porque favorece emociones positivas, sentimientos de autonomía, competencia y eficacia.

Otro elemento es que potencia de manera positiva el resto de sus áreas, encuentra tiempo para su relación de pareja y compartir con sus amigos y familia. Un indicador muy importante es que, en una comida familiar no se siente obligado a cocinar si otro ha pedido hacerlo, opina si le preguntan sobre el proceso, pero deja que el otro desarrolle la actividad sin interferir.

La pasión obsesiva

En el polo opuesto se encuentra la pasión obsesiva, donde la persona se siente en la obligación de realizar la actividad, incluso en momentos que no debería. Recordar en este punto que seguimos hablando de personas que se encuentran motivadas con su trabajo y quieren dar lo mejor de sí mismos. Ello ocurre porque la persona no tiene control sobre sus impulsos (cuestión que desarrollaré más adelante) y estos gobiernan su actividad. 

Tomemos por ejemplo a un ejecutivo, que trabaja muchas veces más allá del horario establecido y que dedica poco tiempo a la alimentación, el ocio o la vida familiar. De hecho, esta falta de tiempo se convierte en su mente, en un indicador de “compromiso” con el trabajo. En esta persona, su actividad se convierte en una parte desproporcionada y dominante de su identidad, entrando en conflicto con otras esferas de la vida.

El desarrollo de la actividad comienza a restar tiempo a otras actividades y la persona se refugia en el trabajo como única forma de proteger e incrementar su estima personal. Dicha estima se convierte en una vía de escape, que le protege de la falta de satisfacción en otras áreas de su vida. Es posible que establezca el mismo patrón de relación con su familia que con los empleados a su cargo.

Si la pasión es obsesiva, el trabajo se convierte en una parte desproporcionada y dominante de la identidad, entrando en conflicto con otras esferas de la vida

Si volvemos al ejemplo del ejecutivo, veremos que también en casa se comporta como si estuviera en la empresa. Muchas reuniones familiares pueden ser experimentadas por los miembros de la familia como la asistencia a una junta de directivos, donde se asignan tareas y se levanta un acta de los acuerdos.

Esta persona tiende a experimentar temor e inseguridad, dado que la autoestima se basa en sus logros laborales. En este sentido, enfrentar un cambio o situaciones de gran incertidumbre hace que ésta se tambalee, reforzando su rigidez y suspicacia. Si observa una merma en los resultados de su trabajo, se deprime con facilidad y se refuerzan sus intenciones de abandonar la organización.

Aunque una persona desarrolle una pasión obsesiva por su trabajo, aún no podemos hablar de adicción al trabajo. Un elemento clave radica en el disfrute de la actividad, que se ve tremendamente afectado en la adicción al trabajo. Otra diferencia es que las ideas obsesivas y las emociones negativas, solo afectan a las “personas apasionadas” cuando no están trabajando.

El impulso incontrolable de trabajar, unido a un bajo disfrute de la actividad sientan las bases de la adicción al trabajo

Adicción al trabajo

¿Qué elementos definen la adicción al trabajo?

Se dice que el término workaholic surge en 1968, cuando un profesor de religión lo usa para describir su propia relación con el trabajo uniendo dos conceptos: trabajo (work) y alcoholismo. La adicción al trabajo como concepto, alude a la necesidad incontrolable de trabajar incesantemente a pesar de las consecuencias negativas sobre la salud, la felicidad y las relaciones de la persona que lo padece.

Una reciente investigación aborda las dimensiones de las que se compone la adicción al trabajo a través del análisis de dos estudios. Los resultados fueron publicados en 2017 en la Revista de la Psicología del Trabajo y las Organizaciones. Los autores analizan un grupo de factores internos y externos que pueden mediar el impulso de trabajar y el disfrute de la actividad en la adicción al trabajo. 

Los resultados revelaron una relaciones positivas del impulso de trabajar con la inestabilidad emocional y los conflictos familiares debidos al trabajo. Ello quiere decir que mientras mayor era el impulso de trabajar, más problemas emocionales y conflictos con la familia fueron reportados.

El impulso de trabajar sin disfrute de la actividad puede ser perjudicial para la salud emocional y las relaciones familiares, además de afectar al producto final

También se observó que, cuando interactúan el impulso de trabajar con mayor autonomía en el trabajo, mayores suelen ser los conflictos con la familia. Un estudio con casi 300 ejecutivos mostró que mientras más tiempo pasaban trabajando, mayores eran los conflictos con la familia. Ello resultaba en mayores índices de rotación en la empresa y menor compromiso con el trabajo. Los resultados fueron publicados en la Revista de Psicología.

Todo lo contrario ocurre con el disfrute del trabajo. Mayor disfrute del trabajo, mayor estabilidad emocional y mejores relaciones con la familia. Estos resultados sugieren que el impulso de trabajar, en ausencia del disfrute de la actividad que se realiza puede ser perjudicial para la salud emocional y las relaciones familiares. Las empresas deberían tomar nota de esto pues, como se verá más adelante, afecta el producto final.

Otro hallazgo importante es que un alto nivel de auto-crítica del trabajador, en un contexto donde tenga mayor intercambio con su superior (no me queda claro si ocurre en la dirección opuesta), va a afectar la relación que se establece entre el impulso de trabajar y el disfrute de la actividad. Una persona con demasiada auto-crítica puede percibir la sugerencia de un supervisor como un reproche, haciendo que se enfoque de forma compulsiva en la actividad para rectificar la dificultad, cuestión que afecta el disfrute de la misma.

Impulsividad y adicción al trabajo

Como se ha visto, el impulso de trabajar es un factor medular de la adicción al trabajo. Pero como bien dicen algunos chistes, existen personas que cuando sienten el impulso de trabajar “se sientan y esperan a que se les pase”. Por tanto, el impulso de trabajar no es el problema, sino el hecho de no poder resistirlo. Es en este momento donde la impulsividad como rasgo vuelve a aparecer en el contexto de las adicciones, en este caso para explicar la adicción al trabajo.

La meta de estas personas es el éxito y el reconocimiento, en lugar de la conexión o la calidad del producto o servicio

Para ello me apoyaré en un interesante estudio sobre el tema, publicado en la Revista de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades, en el que se analiza la figura del sujeto de rendimiento, que se utiliza para ilustrar la relación entre la obsesión y la impulsividad presente en los adictos al trabajo.

El problema principal es que la meta de estas personas es el éxito y el reconocimiento, en lugar de la conexión o la calidad del producto o servicio. Como en cualquier otra adicción, el impulso es puramente hedónico y busca engrandecer al Ego, en lugar de brindar un mejor servicio o solucionar problemas a otras personas.

Los resultados del estudio revelaron que las personas con elevados indicadores de adicción al trabajo, tendían a mostrar elevada implicación e impulsividad, pero poca satisfacción. Por el contrario, en el equivalente de las personas apasionadas con el trabajo, las puntuaciones fueron elevadas para los tres indicadores mencionados.
Adicción al trabajo en puestos de mando

Creencias en las que se basa la adicción al trabajo

En el adicto al trabajo existe un grupo de creencias que sustentan su modo disfucional de relación. Muchas de estas creencias son distorsionadas o irracionales. Para ilustrar las creencias irracionales que sustentan la adicción al trabajo me apoyaré en un estudio cualitativo sobre el tema, publicado en la Revista de Avances en Psicología. Los resultados revelaron cuatro áreas fundamentales donde estas creencias se estructuran:

  1. Importancia del trabajo: Por ejemplo, “Pienso que sería un inútil si no trabajara” o “antes el trabajo que la familia”.
  2. Disposición a aceptar nuevas tareas: Por ejemplo, “Debo hacer cosas que detesto o que no se ajustan a mi contenido de trabajo, para cumplir con las exigencias de mis jefes”.
  3. Manejo del tiempo libre: Por ejemplo, “No tengo tiempo para descansar” o “es mejor estar solo en la oficina cuando todos se marchan”.
  4. Distorsiones cognitivas: Por ejemplo, “En mi trabajo lo más importante es la aprobación y reconocimiento de mis jefes”.

Baja productividad y entornos laborales tóxicos

Aunque pudiera pensarse que la adicción al trabajo puede ser un elemento que incrementa la productividad, resulta todo lo contrario. El adicto al trabajo se “quema”, pero no lo percibe (negación), cuestión que contribuye sustancialmente a generar entornos laborales tóxicos. Si es el jefe, las cosas pueden ser aún peor, pues se notará por el desgaste de los empleados a su cargo y una elevada fluctuación laboral.

El adicto al trabajo contribuye sustancialmente a generar entornos laborales tóxicos

Como se ha podido apreciar, existen numerosas formas de comprometernos con nuestro trabajo. Sin lugar a dudas, el compromiso que se genera mediante el desarrollo de una pasión armoniosa es el resultado más deseable. Por otro lado, el impulso incontrolable de trabajar, unido a un bajo disfrute de la actividad sientan las bases de la adicción al trabajo. 

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD