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Despedida de sustancias de un adicto: «Tengo ganas de reorientar mi vida»

Carta de despedida de sustancias de un adicto en recuperación

Despedida de sustancias de un adicto: «Tengo ganas de reorientar mi vida»

Despedida de sustancias de un adicto: «Tengo ganas de reorientar mi vida»

Bienvenido alcohol, bienvenido a esta despedida por ser tú el gran protagonista de la función; yo te acompañaré como tú lo has hecho en mi vida hasta hoy. Yo te acompañaré sin compasión.

Te conocí joven, quizás demasiado joven, pero poco a poco me fuiste causando atracción; nuestra relación se fue fraguando en el tiempo hasta convertirte en fiel amigo y compañero.

Tú me hacías mejor, o eso me parecía, mejorabas mi relación, me hacías mirar hacia delante con mayor ilusión, me sentía fortalecido.

Me has acompañado en buenos y en malos momentos, cuando he sentido alegrías y desolación. Qué ignorante he sido por consentir tu aprecio y consuelo.

Me has asociado a tu látigo de dolor y rencor; y yo, confiado de ti, te he seguido sin pensar dos veces; pensando solo que podía ser mi solución.

Cuántas lagunas no he sabido ver, cuántas infidelidades de tu parte obtenían mi perdón; cuántas cosas, consejos y realidades me he perdido por considerarte buen amigo, sin mirar y tener más en cuenta mi alrededor.

Cuántas situaciones y hechos me has llevado a provocar en mi vida, deshaciéndola y haciéndome sentir como la basura en tu barro oscuro y pegajoso; de cuántas personas tan queridas me has apartado. Todo ello tú lo sabes igual o mejor que yo. La diferencia es que tú no tienes corazón, eres solo un villano te acercas sigilosamente, enraízas y atesoras a tu presa sin conciencia ni rubor.

Lentamente, con sufrimiento, pero de forma más consciente y segura, me he dado cuenta de que no tienes ni eres el tesoro que prometías; tras tu capa de ídolo se esconde un farsante con cartas en la manga, tramposo, maquiavélico, distorsionador, antojadizo y sin escrúpulos, capaz de seducir para, inmediatamente después, cavar en la profundidad, hundir y enterrar a tu objetivo continuando tu propio camino de destrucción y dolor que siembras a tu paso.

Por fin, tras mi lánguido caminar y malvivir, me he dado cuenta de tu maldad, del camino al que me has llevado. Una luz se ha interpuesto en mi vida, y me ha iluminado para saber elegir y encontrar la verdad, que no es la tuya.

Por fin me he dado cuenta de todo lo que eras; gracias a esa luz de mi Poder Superior, mi Dios, hoy tengo ganas de saber vivir, y hacerlo sin ti.

Tengo ganas de reorientar mi vida, mi caminar, hacia un rumbo opuesto, con expresión en mis ojos, entregando mi sonrisa y lo que soy a otras personas, con sano juicio, con receptividad, con honestidad y buena voluntad, confiando y cantando la canción del «solo por hoy » porque «solo no puedo «.

Mi Poder Superior, en el que confío a partir de este momento, me guiará en esta senda que comienzo con ilusión y esperanza, con muchas expectativas y grandes deseos, si soy capaz (y lo soy) de poner mi parte en sus manos.

Tú te has ganado mi destierro y rechazo más absoluto y por ello me despido de ti, maldito alcohol; yo estoy convencido de que elijo lo mejor y de que tomo la decisión adecuada para mi vida y mi persona.

Lo mejor está por llegar, sin ti.

Por ello, adiós, maldito alcohol, de corazón.

Un adicto en recuperación