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Carta de despedida de sustancias: «Hoy me siento parte del grupo, de la naturaleza y de la vida.»

Carta de despedida de sustancias de una adicta en recuperación

Carta de despedida de sustancias: «Hoy me siento parte del grupo, de la naturaleza y de la vida.»

Carta de despedida de sustancias: «Hoy me siento parte del grupo, de la naturaleza y de la vida.»

Soy María y soy adicta.

Escribo esta carta con poca confianza en mí misma. Así me siento hoy y prefiero ser honesta. Como adicta que soy me gustaría sentirme de otra manera (¡qué raro!) pero lo acepto y decido obedecer que es lo que me han enseñado y me funciona.

Tuerzo mi voluntad y hago mi parte, y mi parte hoy es escribir esta carta a pesar de mi estado de ánimo. Mi focal me ha «sugerido» que haga una carta humilde, así que le pido a Dios que me ayude a ser breve, clara y concisa porque los adornos y florituras se me dan bien, pero no me vienen nada bien.

No sé lo que quiero, aunque así lo crea, y mucho menos lo que me conviene, pero confío en mi P.S. y la verdad es que esa confianza la puedo sentir en mi corazón y es infinitamente más valiosa que la confianza que tengo en mí misma porque yo, me guste o no, soy adicta  y no me puedo fiar de mi enfermedad. 

Mi vida giraba en torno a las drogas, cómo obtenerlas, cómo consumirlas y cómo obtener más. Hoy se me ha concedido la capacidad de elegir y elijo despedirme de vosotras alcohol y cocaína. 

Lleváis la guadaña con vosotras y ya la siento demasiado cerca

Llevo años, ya no sé ni cuántos, despidiéndome de vosotras para volver a consumiros una y otra vez. Ojalá despidiéndome hoy pudiera olvidarme y pasar página definitivamente, pero por fin puedo ver lo terca que soy y sé que sola no puedo. Así que hoy me digo a mí misma, a mi enfermedad, a María, Ángel y Dani que mi compromiso con mi recuperación es firme y aunque vais a seguir en mi cabeza ya no necesito consumiros. 1 es demasiado y 1000 no son suficientes, así que me rindo. Soy impotente ante mi enfermedad y mi vida se había vuelto ingobernable, pero ahora tengo un programa de vida y ya no estoy sola.

Os encontré en mi camino y me ayudasteis a sobrevivir, pero lleváis la guadaña con vosotras y ya la siento demasiado cerca. Sigo teniendo miedo porque llevo 118 días sin consumiros y el no hacerlo me provoca dolor y un gran vacío. Mi vida sigue siendo ingobernable, pero hoy me siento parte del grupo, de la naturaleza y de la vida.

Así que sigo haciendo mi parte y me protejo, suelto, entrego, confío, fluyo, agradezco y confío en que se pasa, se me va a pasar porque mientras siga este camino no tengo nada que temer, solo por hoy.

Gracias por escucharme y por vuestro silencio. Sola no puedo, pero con vosotras sí. Os quiero y os necesito. ¡Felices 24!