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Impulsividad y adicciones

Impulsividad y adicciones

Impulsividad y adicciones

Impulsividad y adicciones

Hace apenas unas semanas, encontré un artículo científico que llamó mi atención. Se trata de una estupenda revisión sobre “impulsividades y adicciones”, publicada el 31 de diciembre de 2018 en Philosophical Transactions of the Royal Society B (Biological Sciences). En el presente post me gustaría resumir los principales hallazgos reportados por sus autoras, Jasmin Vassileva y Patricia J. Conrod. 

En primer lugar, desarrollan el concepto de impulsividad y de impulsividades, estableciendo las diferentes dimensiones para su análisis. Seguidamente se refieren a su relevancia en el contexto de las adicciones, como herramienta de diagnóstico y pronóstico y sus implicaciones tanto para la prevención como para el tratamiento de las mismas. 

Debo destacar que el contenido del post, con la excepción de algunos comentarios personales y ligeras variaciones en la presentación de los tópicos a desarrollar, se basa en la traducción, interpretación y resumen de las principales ideas expuestas en la revisión. Os invito a que nos adentremos en los elementos más relevantes del trabajo. 

¿Qué es la impulsividad?

Hoy día se considera el control de los impulsos como un elemento clave para la adaptación social, en un medio donde existe gran facilidad para acceder a sustancias, tecnologías y comportamientos. En este sentido, se afirma que la satisfacción inmediata se ha convertido en el modus operandi de la cultura popular.

El término impulsividad ha existido en el lenguaje humano durante más de cinco siglos, siendo un indicador muy relevante desde el nacimiento de la neurología y la psiquiatría. Más allá de los trastornos del control de los impulsos, es un indicador relevante para el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno de conducta, el trastorno antisocial de personalidad y por supuesto, los trastornos adictivos.

La satisfacción inmediata se ha convertido en el modus operandi de la cultura popular

De forma general, la impulsividad puede definirse como todo comportamiento que se realice sin un adecuado nivel de reflexión. Se caracteriza, a su vez, por una predisposición a la realización de acciones rápidas no planificadas como respuesta a estímulos tanto internos como externos sin tomar en cuenta las consecuencias (usualmente las negativas).

Impulsividad vs Impulsividades

El estudio de la impulsividad se ha dividido en dos grandes áreas, la impulsividad como rasgo de la personalidad y la impulsividad como estado, osea, una situación específica en el que el individuo tiene que tomar una decisión. Cada una de estas áreas tienen diversas dimensiones. 

La impulsividad como rasgo de la personalidad hace referencia al componente genético que abunda en las conductas de aproximación. Existen varias dimensiones que permiten caracterizar a una persona impulsiva:

1) escasa premeditación

2) poca perseverancia

3) búsqueda de novedad o sensaciones

4) ceder al impulso como estrategia para gestionar sus estados de ánimo.

A su vez la búsqueda de sensaciones puede ser dividida en búsqueda de emoción y aventuras, o una impaciente búsqueda de placer.

Por su parte, más allá de los rasgos de personalidad, las personas pueden actuar o no de forma impulsiva en determinadas situaciones. Es entonces cuando se habla de la impulsividad como estado. La misma puede dividirse en dos dimensiones: neurocognitiva y computacional. En este post, solo haré referencia a la primera.

La acción impulsiva es el primer elemento de la dimensión neurocognitiva. La misma radica en los propios aspectos motores de la impulsividad y que se manifiesta como la dificultad para inhibir un impulso generado por factores internos o externos, o detener una acción iniciada.

El segundo elemento es la elección impulsiva, que: 1) prioriza la recompensa a corto plazo obviando las potenciales consecuencias a mediano y largo plazo; o 2) minimiza los riesgos y maximiza los beneficios.

Adicciones

Más que un factor de riesgo para el desarrollo de una adicción, ambos conceptos están estrechamente relacionados. Si observamos el siguiente fragmento de la definición de las adicciones, que hace referencia al ansia y consumo compulsivo e incontrolable, que maximiza la recompensa inmediata, a pesar de los graves daños a largo plazo, parece ser un caso especial de dificultades en el control de los impulsos.  

Las investigaciones a las que se hace referencia, son muy precisas a la hora de establecer que la impulsividad rasgo es predictor del consumo de sustancias ilegales y problemas de conducta, mientras que la dimensión de búsqueda de sensaciones se relaciona más específicamente con el abuso de alcohol. Incluso en ambos casos se pueden establecer importantes diferencias en la motivación que les lleva al consumo. Mientras los que consumen alcohol tienden a reportar hacerlo para sentirse mejor, los que consumen drogas ilegales no pueden establecer una motivación específica. Ambas dimensiones fueron clave para diferenciar el comportamiento de adictos a opiáceos  y estimulantes en abstinencia, de otros consumidores sin patrón de dependencia.

Mientras los que consumen alcohol tienden a reportar hacerlo para sentirse mejor, los que consumen drogas ilegales no pueden establecer una motivación específica

Otro estudio fue capaz de usar estos rasgos para predecir qué pacientes tenían más riesgo de consumir su sustancia de preferencia mientras realizaban una terapia de sustitución. En este sentido se pudo comprobar que la búsqueda de sensaciones podía predecir el consumo de cannabis, la desesperanza era un buen predictor del uso de opiáceos de prescripción médica, la sensibilidad a la ansiedad predijo el consumo de sedantes de prescripción y la impulsividad el uso de drogas inyectadas.

También las dimensiones de la impulsividad han permitido establecer importantes diferencias entre los consumidores de opiáceos y de sustancias estimulantes. En el caso de los primeros se ha podido establecer que su abuso puede predecirse en determinadas personas con rasgos psicopáticos y con rasgos internalizados de ansiedad o melancolía. Por su parte, son los rasgos externalizados los que predicen el consumo de estimulantes. En este caso, la impulsividad y una búsqueda de sensaciones, ejecutada de forma impaciente y desinhibida.

El consumo de drogas puede causar importantes daños en las áreas de control de impulsos sobre todo si el consumo se inicia en la adolescencia

Dentro de la impulsividad como estado se ha observado que las personas sin un patrón de dependencia, muestran una notable activación de las zonas frontales para detener el consumo, mientras que en los policonsumidores se muestra una mayor activación en las zonas motoras en la misma situación. Estos estudios se han replicado para analizar las respuesta de anticipación de la recompensa. El hecho de presentar dificultades para posponer la recompensa, se relacionaba directamente con el uso de drogas, mientras que la reducción en la actividad de los lóbulos frontales se relacionó con los problemas de conducta.  

Muchos estudios señalan que la relación entre uso de drogas y dificultades en el control de impulsos es bilateral. Mientras las dificultades en el control de los impulsos pueden ser un factor de riesgo para el consumo de drogas, a su vez, este último puede causar importantes daños en las áreas de control de impulsos sobre todo si el consumo se inicia en la adolescencia.

¿Una herramienta para el diagnóstico y pronóstico?

En la actualidad, para trascender algunos problemas presentes en los distintos clasificadores diagnósticos, el Instituto Nacional de Salud Mental de Los Estados Unidos, acaba de lanzar una nueva herramienta basada en los criterios del dominio de la investigación (Research Domain Criteria, RDoC). El RDoC es una nueva forma de clasificar una enfermedad mental basada en la neurobiología, el comportamiento observable y el contexto. 

Tomando en cuenta estos principios se ha creado la Evaluación Neuroclínica de las Adicciones (Addictions Neuroclinical Assessment, ANA). Este esquema de evaluación combina los enfoques clínicos, de personalidad, neurocognitivos, de neuroimagen y genéticos que se centren en tres dominios neurofuncionales clave asociados con la impulsividad y la compulsividad: la función ejecutiva; la relevancia del incentivo y la emocionalidad negativa.

En este sentido, la combinación de las distintas dimensiones de la impulsividad rasgo y estado, permitirá establecer perfiles de riesgo adecuados para las distintas adicciones, así como el pronóstico de recuperación.

Implicaciones para la prevención y el tratamiento de las adicciones

En la misma dirección se enfoca el problema de la prevención y los tratamientos. Con una caracterización adecuada de las diferentes dimensiones de la impulsividad podrán establecerse objetivos terapéuticos más personalizados y efectivos. De hecho, se está validando un programa  de corte cognitivo conductual (Preventure Program), para ayudar a jóvenes en riesgo a comprender cómo las diferencias individuales en los rasgos de impulsividad y la inhibición de la respuesta, afectan el control de las emociones y el comportamiento, así como la toma de decisiones.

Este programa también se enfocaba hacia el entrenamiento en estrategias cognitivas, orientadas al conocimiento del proceso de “parada” y los aspectos cognitivos necesarios para ejecutarlo exitosamente. También se apunta a la búsqueda de sensaciones, mediante el entrenamiento sobre la sensibilidad a la recompensa y los comportamientos impulsados por la misma. 

Las nuevas intervenciones preventivas deben ayudar a los jóvenes impulsivos a parar. Ello se puede lograr mediante la identificación de las situaciones de riesgo y señales internas que preceden a la acción impulsiva. En el programa de tratamiento de la Fundación Recal a este proceso se le denomina Identificación de Reservas. El paciente aprende a identificar y gestionar sus reservas internas y externas. Otras intervenciones de este corte se enfocan en posponer la gratificación, para poder influir en el proceso de toma de decisiones. 

A modo de conclusión puede afirmarse que la revisión que he venido resumiendo brinda nuevas herramientas teóricas y prácticas, así como una perspectiva esperanzadora para el tratamiento de las adicciones. 

 

¡Feliz semana!

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