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La codependencia como “adicción” al adicto

Familiar del adicto y codependencia

La codependencia como “adicción” al adicto

La codependencia como “adicción” al adicto

Al tema de la familia en el contexto de las adicciones le hemos dedicado varios posts en la Clínica Recal de Tratamiento de Adicciones, el último analizando el confinamiento y la desescalada. En este contexto, hemos podido determinar cuánto influye que la familia se involucre en el proceso terapéutico de la persona que padece una adicción y el rol que juega para que la balanza se incline en una u otra dirección.

Creemos que es importante que el familiar sepa que no está solo, que podemos ayudarle y ofrecerle las herramientas necesarias para comenzar su propia recuperación. El problema es, como hemos señalado muchas veces, que el familiar que viene pidiendo ayuda lo hace para la persona adicta y no para sí. El que tiene el problema es el otro, el que consume drogas.

Es importante que el familiar sepa que no está solo, que podemos ayudarle y ofrecerle las herramientas necesarias para comenzar su propia recuperación

“Si mi familiar no consumiera mi vida sería maravillosa” es una frase común que escuchamos y que ilustra el grado de codependencia del que la pronuncia. Si nos detenemos y analizamos la frase, podríamos interpretar que la felicidad de una persona depende de la conducta de otra. En el presente post analizaremos la codependencia y responderemos cuatro preguntas. ¿Qué es? ¿Qué se consume? ¿Cómo entrar en recuperación y mantener la “abstinencia”? ¿Cómo se inicia un proceso de recaída?

¿Qué es la codependencia?

La codependencia es la focalización excesiva y, a menudo inapropiada, de una persona por los problemas o dificultades que padece otra o un grupo de personas. La persona afectada por esta enfermedad se olvida de sí misma y sus necesidades, para centrarse en los problemas de familiares, amigos, parejas o causas sociales.

Aunque la codependencia se manifiesta en la relación adicto-familiar, va mucho más allá de esta área. En el área de las adicciones se dice que el codi (abreviatura del término) es “adicto” al adicto. La persona codependiente necesita ser necesitada. Pero también necesita que los demás hagan las cosas como esta quiere.

La persona afectada por esta enfermedad se olvida de sí misma y sus necesidades, para centrarse en los problemas de familiares, amigos, parejas o causas sociales

Un codi puede sacrificarse al extremo y no sabe decir que no, pero luego pasa factura por sus servicios. Lo que cobra por sus servicios es lo que consume, es su “sustancia”.

 

¿Qué consume un codi?

La manera de adaptarse de algunos familiares a la enfermedad de la adicción de su ser querido es queriendo controlarla, así como los efectos o consecuencias de esta. Esto en un primer momento incluso puede resultar efectivo a corto plazo lo que produce un alivio y sensación de poder del familiar sobre la situación y el familiar.

Lo que consume un codi es CONTROL, necesita sentir que tiene algún control sobre la vida de la otra persona. Debido a ello, en el área de las adicciones, suelen estar pendientes de todo lo que hace su familiar adicto y lo vigilan e intentan infructuosamente evitar que consuma. Estas conductas le desgastan y consumen pero, para algunos, es como cargar con el peso de una pluma.

Un codi necesita sentir que tiene algún control sobre la vida de la otra persona

Es por ello, que los principales síntomas por los que puede identificarse la codependencia son: conducta controladora, desconfianza, perfeccionismo, evitar sus sentimientos, problemas de intimidad, mostrar un comportamiento protector e hipervigilancia, que puede coexistir con una sensación de malestar físico.

El problema del codi es que, al intentar controlar la conducta del otro, sobre todo la conducta tan ingobernable de un familiar que padece una adicción suele frustrarse con tanta frecuencia que no es extraño que caigan en una depresión o tristeza extrema.

Si para un adicto la ilusión de control radica en que cree que podrá dejar de consumir cuando quiera, para un codi esta ilusión de control se basa en la falsa creencia de que debe ser capaz de controlar la conducta del otro. Debido a ello, suelen sentirse que “han fallado” o culpables por no haber sido de ayuda.

 

¿Cómo entrar en recuperación y mantener la “abstinencia”?

La negación es una característica de la enfermedad de la adicción tanto en el adicto como en el familiar. Dado que esta enfermedad es progresiva llega un momento en el que mantener esta negación resulta muy difícil y es entonces cuando el familiar en este caso toca fondo y pide ayuda, muchas veces con la falsa creencia de que los problemas se solucionarán cuando el otro deje de consumir. Consecuentemente no es lo mismo “pedir ayuda para el otro” que entrar en recuperación.

Entrar en recuperación es difícil, dado que “el problema lo tiene el otro”. También suele ser frecuente que las personas codependientes abandonen una terapia si “descubren” que el resultado es “abandonar” al otro. Hemos visto que la recuperación de muchos comienza al implicarse en el proceso de recuperación del familiar adicto y ver que ellos también tienen cosas que pueden modificar.

La negación es una característica de la enfermedad de la adicción tanto en el adicto como en el familiar

Suele ser un proceso lento, porque un codi percibe como “abandono” o “traición” el simple hecho de mantener un NO (porque decir No pueden hacerlo, la dificultad está en mantenerse firmes), o poner cualquier otro tipo de límite que le aleje de su ser querido necesitado. De hecho, la idea de separarse de su objeto de obsesión puede llegar al extremo de provocarles ataques de pánico.

En la mayoría de los casos es la familia la que primero pide ayuda. En la Clínica Recal de Tratamiento de Adicciones consideramos que es muy importante trabajar con la familia para dotarles de las herramientas necesarias para recuperarse y en su caso poder conducir o apoyar al adicto que se quiere recuperar.

Con esta finalidad, en los grupos de familia que se realizan en nuestro centro se comienza haciendo énfasis en la idea de que un familiar solo puede ayudar al adicto cuando trabaja sobre su propia codependencia. Esta idea inicial de que el trabajo sobre sí mismo será de ayuda para el otro alivia la ansiedad. Al realizar este proceso en grupo, la interacción con otras familias y escuchar sus experiencias es un elemento que cataliza este cambio.

También hay Grupos de Ayuda Mutua para Familiares como Al-Anon, Al-Ateen, CoDA, o Familias Anónimas. Son grupos que siguen el programa de los 12 Pasos y en el post de cómo ayudar al familiar del adicto, brindamos evidencia de su utilidad.

 

¿Cómo se inicia un proceso de recaída?

En el post que dedicamos a la familia del adicto durante la cuarentena hicimos referencia a las dificultades que estaban teniendo los familiares con las conductas de la persona que padece una adicción. Sin embargo, en este post nos gustaría analizar las potenciales fuentes de recaída «en control» que el confinamiento facilita a una persona codependiente.

El primer factor radica en tener al familiar adicto en casa, sin que pueda salir, debido a las regulaciones impuestas. Al no poder salir el adicto a la calle, esté o no en recuperación, hace que el familiar sienta que tiene el control sobre la situación ya que no existen estímulos, imprevistos externos, interacciones de personas del exterior, salidas del adicto… que puedan incitar al adicto al consumo.

El confinamiento también ha implicado estar 24 horas bajo el mismo techo con el adicto, esto hace que la dependencia física y emocional aumente y se eliminen los espacios de cada uno, que tan importantes son en recuperación. Dejar de asistir a Grupos de Familia también implica un retroceso en la recuperación.

En la vuelta a la normalidad es muy importante intentar mantener el espacio propio, no asumir responsabilidades ajenas y asumir el bienestar del otro

En definitiva, el confinamiento ha sido la situación ideal para que un codependiente en recuperación temprana active su ilusión de control sobre la situación, ya que los estímulos externos (trabajo, amigos, lugares de ocio, salidas nocturnas, entre otras) han sido eliminadas. “Estoy tranquilo ya que lo tengo en casa y puedo saber lo que está haciendo en todo momento”, es una frase que estamos escuchando con más frecuencia de la que nos gustaría.

La vuelta a la normalidad supone incorporar todos estos factores a la vida cotidiana. Sin duda, ello puede hacer sentir una vez más la ingobernabilidad al familiar ya que su “control” no tiene ningún efecto sobre la situación final. Por ello es muy importante estar alerta ante esta realidad e intentar mantener el espacio propio, no asumir responsabilidades ajenas, asumir el bienestar del otro.

¡Feliz semana!

Patricia López Ewert y Boris C. Rodríguez Martín