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Receptividad: escucha activa, empatía y asertividad

Receptividad: escucha activa, empatía y asertividad

Receptividad: escucha activa, empatía y asertividad

Oír, pero no escuchar es una experiencia común en la vida cotidiana. Suele ocurrir cuando alguien nos está diciendo algo y le interrumpimos para soltar nuestro discurso, o simplemente estamos pensando en cómo vamos a responder o contraargumentar sus puntos de vista una vez que termine. Acatar pasivamente las opiniones de otro, mostrarse agresivo o intentar manipular sus puntos de vista son estilos de comunicación que generan sufrimiento y consecuencias negativas para aquel que las emplea.

No podría contar las veces que he escuchado que la receptividad es un elemento importante para la recuperación de adicciones. Ello implica que una persona debe escuchar lo que otros le dicen. En este contexto, la receptividad hace referencia a una de las más importantes habilidades de la comunicación consciente en el momento presente: la escucha activa.

Solo un estilo de comunicación asertivo es capaz de promover la escucha activa. En la comunicación asertiva son tan importantes los puntos de vista propios como los de nuestro interlocutor. Predominan la empatía, una adecuada autoestima y el respeto hacia la otra persona y sus puntos de vista. No se busca un vencedor sino una solución.

En la Clínica Recal para el Tratamiento de Adicciones propiciamos el uso de la escucha activa en nuestros pacientes. Escuchar sin interrumpir a quien habla es una habilidad que potenciamos en todas nuestras actividades terapéuticas. Además, tenemos una actividad especialmente diseñada para modelar las bases de una comunicación receptiva, asertiva y empática: la parte emocional del Grupo de Comunidad.

En esta parte cada paciente debe comunicar una ayuda a un compañero, sobre algún aspecto mejorable de la conducta de este último. Para ello se sigue un esquema que comienza con “cuando tú…”. En esta frase solamente se puede hacer alusión a la conducta del compañero, no se emiten juicios sobre la misma, ni otras valoraciones subjetivas.

Debe continuar completando el “yo me siento…”. Aquí informa sobre los sentimientos propios que se activan al presenciar esa conducta en el otro. “Entiendo que tú…” es la frase donde conecta con las razones por las cuales su compañero podría estar mostrando dicha conducta y “tal vez yo…” permite identificarse con algún momento en el que también pudo actuar de una manera similar o señalar alguna dificultad propia que impide empatizar con la conducta del otro o comunicárselo en el momento.

El cierre de este ejercicio se realiza con dos frases enfocadas en encontrar una solución. La primera es “qué te parece si…” Para completar esta frase se alienta al paciente para que busque una solución en para su compañero en la que pueda echarle una mano. Finalmente termina con un “te pediría, por favor…” que suele contener un cierre de la idea. Por ejemplo, “que me escuches”, “que me dejes ayudarte” o frases por el estilo.

Durante todo el proceso el otro debe permanecer en silencio, escuchando lo que se le dice. Si bien al inicio suele ser incomodo, en la medida que se emplea este esquema el que escucha suele mostrarse receptivo y casi siempre, se termina la interacción con “buen rollo” entre ambas partes.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD