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Recuperación de adicciones: 90 días, 90 reuniones

90 días, 90 reuniones

Recuperación de adicciones: 90 días, 90 reuniones

Recuperación de adicciones: 90 días, 90 reuniones

He dedicado varios artículos al tema de la recuperación de adicciones. Analizaba qué es la recuperación de adicciones, haciendo énfasis posteriormente en la importancia que tiene el cambio en la identidad social de adicto en activo a adicto en recuperación. Seguidamente abordaba, las complicaciones que tiene la recuperación para pacientes duales.

También describía el porcentaje de adictos que pueden recuperarse asistiendo solamente a Grupos de Ayuda Mutua y los que necesitan ingresar en un entorno seguro para poder detener el consumo y adquirir herramientas básicas para el mantenimiento de la abstinencia. En este punto, dediqué un post íntegro a explicar el Modelo Minnesota de Tratamiento de Adicciones, que es el enfoque que empleamos en la Fundación Recal.

Por último, reflejaba cómo los cuidados profesionales de postratamiento, estar en un piso de medio camino y el nivel de implicación con las actividades de los Grupos de Ayuda Mutua, podían incrementar la probabilidad de terminar el primer año abstinente, llegando a alcanzar hasta 8 de cada 10 pacientes. Sin embargo, hay una recomendación que se hace a los recién llegados en los grupos y da título al presente post, que me gustaría analizar.

En mi recorrido por este enfoque de los 12 Pasos he podido descubrir que hay frases que se convierten en máximas por la fuerza que contienen, y “90 días, 90 reuniones” me parece que es una de ellas. ¿Cuál es el origen de esta frase? ¿Por qué es importante que un recién llegado asista a una reunión diaria? ¿Ir a una reunión es solo el tiempo que dura la reunión? ¿Qué aportan las reuniones? ¿Qué es “calentar la silla”? ¿Existe evidencia de que puede ser útil? Estas son algunas de las preguntas que pretendo ir respondiendo.

 

¿Cuál es el origen de esta frase?

Al consultar las Noticias de la Oficina de Servicios Generales de AA de abril-mayo de 2007 encontré un apartado sobre los orígenes de esta frase. Se comenta que nadie en la Oficina de Servicios Generales de AA puede afirmar dónde surgió y que ninguna sugerencia de este tipo aparece en el “Libro Grande” o en el “Doce y Doce”. Al parecer, la frase surge en la década de los años 50 del pasado siglo y que en enero de 1959 se publica un artículo bajo el título La prueba de los 90 días, donde se sugiere la posibilidad de decirle al principiante lo siguiente:

“Quisiera proponerte que tomes la decisión de alejarte de la bebida por 24 horas cada día durante los tres meses siguientes, y también de asistir a muchas reuniones, todas las noches si es posible. Sin duda puedes dedicar 90 días de tu vida a este experimento. Pueden resultar los 90 días más útiles de toda tu vida. Puedes determinar si eres alcohólico y si lo eres, es bueno saberlo.”

Otros miembros de la confraternidad de AA me han comentado que la frase tiene su origen en la sustitución de penas que los jueces ponían a los adictos que cometían delitos leves. Se les cambiaba las penas pequeñas o las multas por la asistencia a estas reuniones.

¿Por qué es importante que un recién llegado asista a una reunión diaria?

Dado que casi la mitad de los adictos en recuperación ha declarado poder parar de consumir y mantenerse abstinentes solamente con la asistencia regular a Grupos de Ayuda Mutua, tomemos como ejemplo a un adicto en activo con la intención de dejar de consumir que asiste a su primera reunión. Para muchos resulta inspirador conocer a personas que han podido conseguirlo y que, además, ¡llevan años abstinentes!

El grupo se vuelca con el recién llegado y éste obtiene atención, escucha los testimonios y siente que hay esperanza. Además, muchos compañeros le dan su número para que les contacte. Si se cumple el principio que da origen a estos grupos (que dice algo así como cuando al menos dos adictos con el firme propósito de dejar de consumir hablan, el ansia de consumo desaparece), es muy probable que esta persona termine su día sin consumir.

90 días podría ser el tiempo que se necesita para que la asistencia a reuniones se convierta en un hábito

Sin embargo, este programa también dice que este efecto dura solo 24 horas y que al día siguiente hay que renovar nuevamente el compromiso. Para un recién llegado, el grupo es la fuerza que le permite renovar este compromiso y es por ello que se le sugiere volver al día siguiente. Tampoco es tan diferente para el que sale de una clínica. 90 días podría ser el tiempo que se necesita para que la asistencia a reuniones se convierta en un hábito.

 

¿“Ir a una reunión” es solo el tiempo que dura la reunión?

Llegar a la reunión, sentarse, escuchar y compartir es solo parte de lo que abarca el concepto de “ir a una reunión”. Sin embargo, es mucho más que eso, pues implica la creación de una red de recuperación que comienza con los compañeros a los que llamar en los distintos grupos a los que se asiste regularmente. También es quedar con esos compañeros a tomar un café antes o después de las reuniones. Los pequeños intercambios que se producen una vez que se termina la reunión.

Ir a una reunión es participar de la organización del grupo, ya sea coordinando el mismo o haciendo el servicio de cafetería. Estas actividades suelen ser rotativas entre los distintos miembros, de forma tal que el que hoy tiene un rol de coordinador, el mes siguiente puede ser que haga el servicio de cafetería.

Ir a una reunión implica crear una red de recuperación que comienza con los compañeros y participar de la organización del grupo

Ir a una reunión es conectar con la literatura para trabajar los pasos y conocer a los miembros con más experiencia de recuperación  que pueden convertirse en el padrino o la madrina de los recién llegados. En la misma se aprende tanto del que lleva años sin consumir, como del que recae o el recién llegado. A modo de resumen, ir a una reunión tiene más que ver con el grado de implicación con el grupo y el programa que con la asistencia en sí.

 

¿Qué es “calentar la silla”?

“Calentar la silla” es un concepto estrechamente relacionado con la asistencia a las reuniones, pero donde no hay implicación. Una persona puede ir a reuniones, a muchas incluso y no conectar con la recuperación.

Tomemos por ejemplo que a un adicto en tratamiento le exigen tiempo limpio y un número reuniones a las que debe asistir regularmente. Supongamos que esta persona llega justo en el inicio o un poco tarde y se va nada más cerrar el grupo o un poco antes. Sin embargo, no socializa, no llama ni queda con los compañeros, no hace servicio y mucho menos está interesado en buscar un padrino. Puede decirse que esta persona va a “calentar la silla”, pero no a recuperarse.

“90 días, 90 reuniones” es la solución más eficaz para transitar por esta experiencia de una forma intensiva

“¿Para que ir todos los días a los grupos si me siento estupendamente con uno a la semana?”. Esta es una frase que encierra una forma incorrecta de enfocar la recuperación. Para el recién llegado, el grupo puede funcionar como un cargador de baterías (es una representación muy didáctica que escuché de unos colegas), pues llega, se conecta y se carga. Pero si se queda en este punto habrá aprendido bien poco.

En la medida que un adicto en recuperación conecta con el programa, se va dando cuenta de que al grupo no se va solo a recibir cuando se está mal o en riesgo, sino que la recuperación solo está completa cuando también se acude al grupo a dar y servir.

Es por ello que en ausencia de otro sistema de apoyo, “90 días, 90 reuniones” sea la solución más eficaz para transitar por esta experiencia de una forma intensiva. En esta etapa las personas pasan de “calentar la silla” o “cargarse” a comprender, el cierre adecuado suele ser cuando se ha encontrado un padrino o madrina para comenzar a trabajar los pasos.

¿Existe evidencia de que puede ser útil este enfoque?

En noviembre de 2019 se publicaba en Addictive Behaviors un estudio al respecto. En el mismo se realizó un seguimiento de 90 días a casi de 400 adictos en recuperación que habían culminado el tratamiento residencial en distintas clínicas de recuperación de adicciones. Se analizó, a la vez, la asistencia a los grupos y la implicación con los mismos durante este seguimiento.

En este caso se creó la indicación “30 días, 30 grupos” como un derivado de la frase que da título a este post, para poder realizar un análisis mensual. También se midió la cantidad de actividades en las que se involucraron durante este período de tiempo, como las reuniones con el padrino o madrina, el servicio o si tienen un grupo primario al que asisten. Los participantes en el estudio debían reportar los días que se mantenían abstinentes y, en caso contrario, las sustancias consumidas en ese período.

Cuanto mayor sea el número de reuniones a las que se asista y mayor sea la implicación con el programa de los 12 Pasos, mayor será la probabilidad de salir de las drogas.

Los resultados revelaron que los mayores efectos del análisis realizado sobre la abstinencia y el porcentaje de días abstinentes se observaron cuando los participantes del estudio lograban completar los tres períodos de “30 días, 30 reuniones”. Por su parte, realizar servicio durante este período y tener un padrino o madrina, fueron las variables que seguían a completar el número de reuniones. Si el grupo donde tenía lugar la reunión tendía a ser el mismo o no, fue la variable que menor efecto mostró sobre la abstinencia.

Aun cuando los resultados fueron alentadores, los investigadores alertaron de que solamente el 33% de la muestra logró cumplir con la indicación de “30 días, 30 reuniones” durante el primer mes y las 90 reuniones solo las consiguió el 18% de la muestra. Estos porcentajes bajaban aun más cuando se analizó la asistencia y la implicación. Solamente el 13% de los participantes lograron los “90 días, 90 reuniones” y mantuvieron una gran implicación con el programa de los 12 Pasos.

Lo que sí quedó claro es que, en la medida en la que se incrementa la implicación con el programa de los 12 Pasos y el número de grupos a los que asistieron las personas, mayor era también la cantidad de “días limpio” reportados.

A modo de conclusión

En fin, parece que “90 días, 90 reuniones” con gran implicación en el programa puede ser una meta difícil de cumplir para la mayor parte de los adictos en sus etapas tempranas de recuperación y existen objeciones de la confraternidad de AA con respecto al tema, pero para el que lo consigue las probabilidades de mantenerse limpio se incrementan sustancialmente. Existen numerosos factores que pueden impedir que un adicto en recuperación pueda hacer 90 reuniones en 90 días, pero la conclusión que debe extraer de este escrito es que debe ir a todas las que pueda. Ello quiere decir que mientras mayor sea el número de reuniones a las que asista y mayor sea su implicación con el programa de los 12 Pasos, mayor será  la probabilidad de que pueda salir de las drogas.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD