Adicción al sexo: prevalencia, impulso y compulsión

Adicción al sexo

Adicción al sexo: prevalencia, impulso y compulsión

Adicción al sexo: prevalencia, impulso y compulsión

Términos como adicción sexual, compulsividad sexual, preocupación sexual, conducta sexual fuera de control e hipersexualidad son utilizados para describir este problema. Históricamente ha recibido distintos nombres, pero los más conocidos son satiriasis (hombres) y ninfomanía (mujeres).

En la historia de los trastornos mentales estas dificultades tienen un recorrido de más de 100 años. Ha sido incluido en varias ocasiones dentro de los clasificadores diagnósticos y vuelto a excluir. Como se puede observar, no es un tema sencillo. De hecho, estudios recientes han mostrado los potenciales mecanismos neurobiológicos en la conducta sexual compulsiva que permitirían clasificarla como una adicción comportamental, aunque los mismos no son concluyentes.

¿Es frecuente la aparición de estos problemas?

Es cada vez mayor el número de personas que acude a consulta buscando ayuda debido a problemas con su conducta sexual. Se ha estimado que entre 3-6% de la población podría presentar estos problemas, aunque solamente el 1% parece solicitar atención clínica.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas cifras pueden variar en dependencia del género y la orientación sexual de las personas. Por ejemplo, alrededor del 80% de los hombres que reciben tratamiento, refiere la masturbación compulsiva y la dependencia del consumo de pornografía como los principales problemas.

Entre el 3% y el 6% de la población podría presentar problemas de conducta sexual

La mayoría refiere un aumento en la frecuencia e intensidad de sus fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales. Cuestión que les provoca un malestar significativo, unido a un deterioro social u ocupacional. El consumo de prostitución, sexo online o la búsqueda de relaciones extramatrimoniales son otras conductas reportadas con frecuencia.

¿En qué consiste este trastorno?

Siguiendo los criterios propuestos para el trastorno hipersexual, la persona presenta durante un período superior a seis meses, fantasías sexuales recurrentes e intensas, impulsos y conductas sexuales asociadas a cuatro o más de los siguientes criterios:

  1. Consumir excesivo tiempo en fantasías e impulsos sexuales, planificando y participando en conductas sexuales.
  2. Repetidamente desarrolla esas fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a estados de ánimo disfóricos (por ej.: ansiedad, depresión, aburrimiento, irritabilidad).
  3. Repetidamente desarrolla fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a eventos estresantes de la vida.
  4. Repetitivos e infructuosos esfuerzos por controlar o reducir significativamente esas fantasías, impulsos y conductas sexuales.
  5. Repite el comportamiento sexual sin tener en cuenta el riesgo de daño físico o emocional a sí mismo o a otros.

Hay que tener en cuenta que estas manifestaciones se asocian con un malestar clínicamente significativo o deterioro personal en las áreas social, profesional o de otro tipo de funcionamiento, asociado con la frecuencia e intensidad de estas fantasías, impulsos y conductas sexuales. Igualmente, estas fantasías sexuales, impulsos y conductas no se deben a los efectos fisiológicos directos de sustancias exógenas (por ejemplo, drogas de abuso o medicación) o a episodios maníacos.

Por último, debe especificarse si las conductas son masturbación, consumo de pornografía, relaciones sexuales consentidas con adultos, prácticas sexuales a través de internet (cibersexo), llamadas a teléfonos de contenido sexual, asistencia a clubs de striptease o varias de ellas.

¿Qué pasa con los factores culturales?

Se ha observado que los factores culturales tienen un importante rol a la hora de definir una adicción al sexo. Ello puede tener relación con la forma en la que cada cultura percibe el sexo y la relación con lo que es problema, o no.

Dos estudios, uno realizado en España y otro en Suiza pueden ser un ejemplo de la influencia de los factores culturales.  En España el 88% de los pacientes que reportaron estas conductas cumplieron los criterios diagnósticos del trastorno hipersexual. Por su parte, en Suiza la cifra de personas que buscaban ayuda y presentaban los criterios diagnósticos se reduce al 50%.

¿Cuál es el rol del impulso y la compulsión?

En cualquier adicción impulso y compulsión parecen ser el código binario con el que se escribe el guión. Una vez que aparece el impulso resulta toda una tortura no convertirlo en acción una y otra vez, sin importar las consecuencias que la ejecucion de esta conducta tenga para la vida de estas personas.

Con relación al rol de la impulsividad y la compulsividad, se ha estimado que podrían explicar cerca del 20% de la aparición de las conductas hipersexuales. Sin embargo, debe señalarse que existe un predominio de la impulsividad sobre la compulsión.

Es probable que por el carácter moralmente reprobable que muchos de estos impulsos tienen, las personas luchen por inhibirlos. También puede que una vez ejecutado el acto, los sentimientos de culpa y vergüenza sean tan fuertes que inhiban la repetición del mismo durante un lapso de tiempo.

Tampoco debe subestimarse el rol de pensamientos intrusos y fantasías de carácter sexual en la aparición del deseo y la obsesión en el mantenimiento del mismo. Como dije al inicio, no es un tema sencillo ni se agota con un solo post.

 

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

Referencias

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