Efectos del alcohol e indicadores de adicción

Efectos del alcohol para la salud e indicadores de adicción

Efectos del alcohol para la salud e indicadores de adicción

El consumo de alcohol acompaña a la humanidad desde hace milenios. Sin embargo, la historia de las bebidas alcohólicas y su evolución no es el objeto de este post, sino sus efectos para la salud y los indicadores de riesgo de adicción.

Las bebidas alcohólicas suelen acompañar los entornos de socialización y recreación en muchas regiones del mundo. Para muchos es un “lubricante social” por sus efectos desinhibidores, cuando se consume en pequeñas cantidades. La imagen de un individuo apurándose un trago para ganar valor o superar alguna inhibición, resulta recurrente en muchas pelis.

El problema surge cuando el consumo se torna crónico y no solo se bebe para socializar. Es difícil que alguien reconozca que el consumo de alcohol se le ha ido de las manos. “Yo lo controlo, no soy un borracho”, suelen alegar. Muchas personas creen que un alcohólico es solamente aquella persona que anda tirada por la calle, con una botella vacía en la mano.

El problema surge cuando el consumo se torna crónico y no solo se bebe para socializar

Algunos datos de interés

Según cifras ofrecidas por la Organización Mundial de la Salud, el 21 de septiembre de 2018, el consumo nocivo de alcohol es el responsable directo de más de 3 millones de muertes cada año. Esta cifra representa casi el 6% de todas las defunciones en el mundo y sube hasta el 25% entre las personas de 20-39 años.

Por si esto fuera poco, el consumo nocivo de alcohol puede ser la causa directa de más de 200 enfermedades. Diversas revisiones sobre el tema señalan que produce daños cerebrales, hepáticos, cardiovasculares, llegando incluso a estar relacionado con la aparición de distintos tipos de cáncer. Además, el 5.1% de la carga mundial de personas que enferman y sufren lesiones, es atribuible a su consumo.

El consumo nocivo de alcohol es el responsable de más de 3 millones de muertes cada año y puede ser la causa directa de más de 200 enfermedades

Otro problema que debemos señalar es el consumo regular de alcohol durante el embarazo. El mismo se ha asociado a malformaciones fetales y retrasos en el desarrollo. El síndrome alcohólico fetal es una manifestación grave de lo anteriormente expresado. Dado que resulta difícil establecer cuál es una medida de consumo sin riesgo durante el embarazo, se recomienda encarecidamente a las embarazadas mantenerse abstinentes.

¿Cuánto es una cantidad adecuada?

Para no liarme mucho, diré que no se debe beber más de dos vasos de vino o botellas pequeñas de cerveza al día en el caso de los hombres y solo una, en el caso de las mujeres. Resulta importante aclarar que para los adultos mayores las dosis deben ser menores y mayor el tiempo de abstinencia.

Estas medidas no son acumulativas, y obedecen a la capacidad del hígado para descomponer y eliminar el alcohol del organismo. El 90% del alcohol se metaboliza a nivel hepático, pero su absorción y resto del proceso implican a casi todos los órganos y sistemas del organismo.

Aun así, para evitar perpetuar el hábito y prevenir riesgos para la salud, se recomienda a las personas que ingieran estas dosis mínimas, que se abstengan durante dos días a la semana como mínimo. También se recomienda una abstinencia de 48 horas, después de haber realizado un consumo excesivo.

Una señal de alarma importante sería que, aun habiéndose propuesto no hacerlo, la persona exceda estas cantidades diarias de alcohol o no pueda respetar los respectivos plazos de abstinencia. Excusas puede haber muchas y todas convincentes, pero seguramente serán falsas para no reconocer un consumo de riesgo.

Criterios de Dependencia del Alcohol

Los criterios de dependencia del alcohol, más que a la cantidad, aluden al deseo persistente y compulsivo de consumirlo.  Ello se asocia a una disminución de la capacidad para controlar su consumo, e implica una mayor tolerancia a esta sustancia. El individuo necesita cada vez dosis mayores para lograr el efecto deseado.

Los criterios de dependencia del alcohol, más que a la cantidad, aluden al deseo persistente y compulsivo de consumirlo

Un criterio muy importante es la abstinencia. Pueden aparecer síntomas somáticos de abstinencia cuando el consumo se reduce o cesa. Muchas personas con un consumo elevado a diario, suelen beber para evitar la aparición de estos síntomas de abstinencia.

Otro criterio es el abandono progresivo de obligaciones, actividades cotidianas y de ocio para consumir. Obviamente, el individuo debe emplear cada vez más tiempo para conseguir, consumir y recuperarse de los efectos del alcohol.

Por último, se persiste en el consumo a pesar de las consecuencias adversas. En muchas ocasiones, a pesar de la ruptura de relaciones familiares, pérdida de pareja o los propios medios económicos de subsistencia.

¿La adicción al alcohol se hereda?

Numerosos artículos científicos señalan la influencia de los genes en el desarrollo del alcoholismo. Al respecto pueden revisarse numerosos metaanálisis, en modelos animales y estudios transversales en humanos. Que la predisposición genética existe es innegable, pero ello no implica que la persona esté condenada a desarrollar la enfermedad.

En efecto, la genética predispone, pero la interacción de varios factores ambientales y de personalidad resulta necesaria. Aunque los genes cargan el arma y el ambiente se encarga de dispararla, a mí me gusta pensar que siempre hay espacio para la elección personal.

En este sentido, me gusta recordar una historia que leí en algún sitio. Se trataba de dos hermanos gemelos, hijos de un padre alcohólico y maltratador. El primero se esforzó y estudió, nunca probó el alcohol y terminó siendo un excelente padre y ejemplo para la comunidad. Por su parte, el segundo siguió el camino de su padre, repitiendo el patrón. Cuando a ambos se le preguntó por qué habían decidido seguir este camino, la respuesta fue idéntica: “tuve un mal ejemplo”.

Alteraciones neuropsicológicas

Una reciente revisión sobre el tema, publicada en la Revista Habanera de Ciencias Médicas en 2018, hacía énfasis en el efecto del alcohol sobre las funciones ejecutivas. Las funciones ejecutivas pueden ser definidas como actividades mentales que necesitamos para planificar, organizar, guiar, revisar y evaluar el comportamiento.

Los autores señalan cuatro perfiles de afectación en las funciones ejecutivas, que altera el bienestar del 50-90% de los pacientes. En primer lugar se encuentran aquellas personas que no presentan déficits cognitivos. En segundo lugar se ubican los que muestran déficits ejecutivos, pero sin alteraciones en la memoria y con eficiencia cognitiva global. En un tercer grupo se encuentran aquellos que muestran déficits ejecutivos con alteraciones en la memoria, pero preservando el funcionamiento global. Por último, se ubican los que tienen un déficit ejecutivo global.

Muchas personas con dependencia del alcohol padecen de síndrome disejecutivo. La presencia de este síndrome implica que pueden estar comprometidos varios procesos clave, como la memoria de trabajo, la flexibilidad mental, la toma de decisiones y solución de problemas. El control inhibitorio es una de las área más afectadas.

Alcohol y adolescentes: una mezcla explosiva

En España, de acuerdo con los datos de la encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias realizada en 2016 a jóvenes, 14 años suele ser la edad de inicio. Casi el 80% de los encuestados declaró haber bebido al menos una vez en su vida y el 2% lo había hecho a diario durante el último mes.

La edad de inicio de consumo de alcohol en España suele estar en los 14 años

En este período de tiempo (30 días), el 22% declaró haberse emborrachado y el 32% haber consumido el equivalente a cinco o más copas en un tiempo inferior a dos horas. A esta ingesta excesiva y puntual de alcohol se le denomina atracón (binge drinking).

Diversos estudios han señalado que este consumo en forma de atracón, puede afectar el sistema nervioso central de los jóvenes de diferentes formas. En primer lugar, afecta el correcto desarrollo de los procesos mentales de esta complicada etapa evolutiva. En segundo lugar, su acción directa sobre el hipocampo tiene efectos sobre la memoria, el aprendizaje y la planificación de tareas.

Los atracones de alcohol en los jóvenes pueden afectar al correcto desarrollo de los procesos mentales y tener efectos sobre la memoria y el aprendizaje

La prevención del consumo de alcohol y otras drogas en adolescentes es una tarea de primer orden. Aunque en España se ha observado una disminución del consumo de alcohol en adolescentes desde 2012, resulta necesario seguir trabajando al respecto.

Consumo de alcohol y patología dual

Una revisión sobre la comorbilidad entre la dependencia al alcohol y otras enfermedades psiquiátricas, publicada en 2015 en la Revista Polaca de Psiquiatría (Psychiatria Polska), ha estimado que alrededor del 40% de los pacientes con dependencia al alcohol sufren de otro trastorno mental.

En este estudio se ha observado la relación entre la presencia del criterio de dependencia de alcohol y diversas alteraciones psicopatológicas. Los resultados son más que interesantes y sugieren que puede ser un importante factor de riesgo.

La presencia de la dependencia de alcohol hace que la probabilidad de presentar un trastorno de ansiedad se multiplique por seis. Cuadriplica la probabilidad de desarrollar un trastorno bipolar o un ataque de pánico. La probabilidad de desarrollar una depresión se triplica. Duplica la probabilidad de desarrollar un trastorno por estrés postraumático o un trastorno de ansiedad generalizada.

El mismo estudio señala que la probabilidad de que una persona con trastorno por dependencia de alcohol intente suicidarse es aun mayor que en personas deprimidas que no consumen. Aunque debo señalar que la relación entre intentos suicidas alcohol y depresión suele ser muy estrecha. De hecho, se estima que entre el 40%-70% de los individuos con consumo problemático de alcohol que cometen intentos de suicidio cumplen, a su vez, los criterios diagnósticos de depresión.

Los autores de la citada revisión, llegan a señalar estudios que sugieren que la probabilidad de que estas personas comentan intentos suicidas, puede llegar a ser entre 60 y 120 veces mayor que en personas que no presentan un consumo problemático de alcohol.

Consideraciones finales

El alcohol es una droga legal y altamente consumida. Su consumo moderado y responsable en entornos de socialización, alternado con períodos de abstinencia, no suele suponer una amenaza para muchas personas. Sin embargo, para otros resulta difícil reconocer que el consumo se les ha ido de las manos y afecta numerosas áreas de sus vida, en cuyo caso es necesario pedir ayuda antes de que sea demasiado tarde. En ambos casos, esperamos que este post les haya sido de utilidad.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD

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