fbpx
   

Por qué somos permisivos con el consumo de alcohol en los jóvenes

Permisividad de las familias con el alcohol en los jóvenes

Por qué somos permisivos con el consumo de alcohol en los jóvenes

Por qué somos permisivos con el consumo de alcohol en los jóvenes

Recientemente una colega me expresaba sus preocupaciones sobre la posibilidad de que seamos demasiado permisivos con el consumo de las drogas legales en los jóvenes, haciendo referencia al alcohol. Para ello me enviaba el link de la Campaña de 2017 Menores SIN Alcohol, del Ministerio de Sanidad. Además del vídeo, hay un texto corto con un dato que pone los pelos de punta, alrededor del 68% de los jóvenes había consumido alcohol durante el último mes.

El 68% de los jóvenes ha consumido alcohol durante el último mes y 9 de cada opinan que conseguir alcohol es muy fácil

Esta campaña sugiere que los jóvenes reproducen el modelo de consumo de alcohol de los adultos y, entre aquellos con edades comprendidas entre 14 y 18 años, 9 de cada 10 opinan que conseguir alcohol es muy fácil. A esto habría que añadir el factor de riesgo que representa la permisividad familiar y en las redes sociales con relación al consumo de alcohol. “Si yo bebo, cómo voy a prohibir beber a mi hijo” o “siempre que hay una fiesta llegan fotos, vídeos, audios o historias de Instagram de gente bebiendo”, son frases que encontré en un reportaje de Europa Press en junio de 2019, exclusivamente dedicado a analizar este problema.

Permisividad en el entorno familiar

Cuando se hace referencia a la permisividad familiar como factor de riesgo, no solo se alude a la influencia directa de un familiar que padece de alcoholismo, sino que hace más énfasis en aquellas familias donde se hace un uso razonable del alcohol (por ejemplo, en fiestas o durante el fin de semana), pero sienten que, debido a ello, les falta autoridad para poner límites a sus hijos. La clave está en que en estas familias, el consumo de alcohol se asocia a eventos festivos.

Las familias desconocen el efecto del alcohol en el desarrollo de las estructuras y funciones cerebrales en la adolescencia

Es una realidad que muchas de las creencias sobre el consumo “normal” de alcohol en la adolescencia, como un proceso de transición hacia la adultez, se basen en la falta de información que tienen los padres sobre el efecto de esta sustancia sobre el desarrollo de las estructuras y funciones cerebrales en esta etapa. “En algún momento hay que empezar” o “los jóvenes de antes sí sabían beber y los de ahora no”, son otras de las frases que encontré en el reportaje citado previamente que ilustran estas creencias. En el post que aborda los efectos del consumo del alcohol sobre la salud, también me detenía a explicar algunos de estos riesgos.

 

Redes sociales: si no vas al “botellón”, el “botellón” viene a ti

Las redes sociales son el medio ideal para que un joven que esté en casa, ya sea por decisión propia o por presiones familiares, pueda participar de un “botellón” mediante las transmisiones en vivo, o fotos que van subiendo sus coetáneos a las distintas redes sociales. Estas escenas solo muestran la parte “divertida”, que generan en el que se ha quedado en casa la sensación de que se está “perdiendo algo”.

¿Qué se puede hacer?

Como decía en un post anterior, existe mucha claridad sobre lo que no se puede o debe hacer, pero poca con respecto a qué actividades alternativas ofertar o estrategias seguir. Una breve revisión en buscadores académicos, me llevó a encontrar el análisis del efecto de una campaña para la prevención del consumo de alcohol en jóvenes que se llevó a cabo hace 20 años en Madrid. La campaña en cuestión era “3×1: sin alcohol disfrutarás el triple”. Los resultados de este estudio fueron publicados en Trastornos Adictivos en 2002.

El efecto de las acciones de la campaña fue evaluado durante dos momentos específicos, diciembre de 1999 y 2000, respectivamente. La misma tenía como objetivos ofrecer actividades de ocio que no estuvieran relacionadas con el consumo de alcohol, ofrecer información sobre los efectos del consumo de alcohol y otras drogas a través de los medios audiovisuales en los propios locales de ocio, entre otras. La experiencia tenía lugar durante los fines de semana, en los locales de ocio implicados, donde los camareros entregaban “vales” a aquellos jóvenes que realizaban consumiciones sin alcohol. Estos “vales” permitían el acceso a una actividad posterior, que en el momento del estudio era considerada motivadora para los jóvenes. Esta actividad se realizaba en otro momento e implicaba otros recursos.

Lo que me llamó la atención de la experiencia fue el incremento de locales de ocio implicados de un año al otro. Si bien en 1999 solo había 4 locales implicados, la cifra subía a 29 en el año 2000. Los “vales” entregados también se incrementaron de 7.700 a 10.000. El problema, quizás, estuvo en las actividades a las que se podía acceder con dichos “vales”, pues la participación se redujo de más de 600 personas en 1999, a 200 en el año 2000.

En fin, todo el esfuerzo puede diluirse si no se logra que la recompensa asociada a irse de fiesta sin alcohol “valga la pena”. La idea es buena, pero si el adolescente o joven no considera que la recompensa es suficientemente atractiva, todo el esfuerzo puede irse al traste. Esta tendencia también se puede observar en la publicidad, donde muchas campañas podrían tener un impacto escaso sobre la población “diana”.

Publicidad, prevención y consumo: ¿David contra Goliat?

El título de este apartado lo adapto de un interesante análisis sobre la inversión en “la publicidad alcoholera” en España, comparado con los gastos autonómicos dedicados a la prevención en el período de 1995-2005. En el período 1995-2000, aunque la “publicidad alcoholera” disminuyó su porcentaje de presencia en los medios, los gastos en la misma se incrementaron de 268 a 374 millones de euros. Si bien en el período 2001-2005 fueron menores (145-186 millones de euros), los jóvenes eran su objetivo preferente. Por otro lado, aunque se notó también en este período un incremento en la prevención de la inversión autonómica de 22 a 52 millones de euros, la balanza siguió siendo desfavorable.

Un estudio publicado en 2018 nos muestra que el problema quizás sea, además de cuánto se invierte, la visibilidad que alcanza una campaña de este tipo, qué cantidad de menciones genera en los medios, en qué tono y a qué audiencia es capaz de llegar. Me apoyaré en el análisis de tratamiento en prensa de las campañas de prevención de consumo de drogas y seguridad vial, llevadas a cabo entre 2012 y 2015.

No se trata solo de “hacer algo”, sino de hacer algo que tenga impacto y resultados

Los resultados mostraron una baja cobertura en los medios, pues las campañas ni siquiera alcanzaban una aparición al día. En la prensa general solo se encontró una media algo superior a 3 menciones por campaña, cuestión que no facilita el alcance de algunos públicos tan importantes como son los prescriptores. Por último, sobre la base de la cobertura generada, la audiencia estimada ni siquiera alcanzó los 75.000 usuarios. Se concluye que debido a esto (y otros factores), el impacto de las campañas fue bajo.

Si bien las campañas expuestas se alejan del tema de la permisividad con el consumo de alcohol en jóvenes, dejan en evidencia que quizás hay que enfocar el problema de otra manera en los medios. No se trata solo de “hacer algo”, sino de hacer algo que tenga impacto y resultados.

Consumo 0

Lo interesante de todo esto es que existe información para la prevención. Si el lector se toma el tiempo de ir al apartado de “alcohol en menores no es normal” del Ministerio de Sanidad, podrá encontrar un cúmulo de información y recursos que permiten entender, abordar y prevenir este problema. Otra búsqueda puede llevarle a numerosas iniciativas autonómicas y si entra en un buscador de literatura científica, podrá encontrar evidencia del efecto de diversas campañas en otros países y regiones.

Ello nos puede llevar a la conclusión de que no se trata de ausencia de información o estudios, sino que estos no encuentran la vía adecuada para producir el cambio de mentalidad necesario en numerosas familias para encarar este problema.

A modo de conclusión

Aunque cada día se gana mayor conciencia de los problemas asociados al consumo de alcohol en los jóvenes, las familias tienden a ser permisivas. Ello se asocia a determinadas creencias y patrones culturales de ocio y diversión. La redes sociales tienden a transmitir contenido, que lleva el “botellón” al joven que ha decidido quedarse en casa y puede generar la percepción de que se “ha perdido algo”. Por otro lado, los esfuerzos de las iniciativas que promuevan una diversión libre de alcohol en jóvenes están condenadas al fracaso si las actividades alternativas no son lo suficientemente atractivas. Por último, aunque se ha incrementado el gasto en campañas para la prevención del consumo de alcohol en los jóvenes, el impacto de las mismas sobre la población “diana” podría ser escaso.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

Temas relacionados:
Alcoholismo, ,