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Reuniones online de 12 Pasos en la era del COVID-19.

Reuniones online de 12 Pasos en la era del COVID-19.

Reuniones online de 12 Pasos en la era del COVID-19.

La pandemia del COVID-19 ha cambiado nuestra realidad tal y como la conocíamos. En el área de la recuperación de adicciones el cierre de los grupos de ayuda mutua de 12 Pasos que se realizaban de forma presencial supuso un gran cambio.

A partir de este momento muchos grupos pasaron a realizarse por videoconferencia. Si bien la estructura del grupo, el programa que siguen y el mensaje se mantienen intactos, el contexto de interacción cambia completamente. El efecto del contexto es considerado como un elemento medular para muchas intervenciones, sobre todo las psicológicas.

Dado que en la Clínica Recal seguimos el Modelo Minnesota para el Tratamiento de las Adicciones, donde un elemento relevante consiste en facilitar el contacto con los grupos de 12 Pasos, este cambio de contexto nos confrontó con algunas interrogantes. ¿Son igualmente efectivos los grupos online que los presenciales? ¿qué efecto tiene sobre un recién llegado? ¿qué percepción tienen los miembros sobre su eficacia como recurso?

Por suerte para nosotros, un grupo de investigadores decidió encarar este asunto. Para ello diseñaron una encuesta que respondieron casi 100 adictos en recuperación y que permitió evaluar la relación entre el contexto donde se realiza la reunión y su efectividad, la calidad del apoyo recibido y la accesibilidad del grupo. Este estudio fue publicado en el Western Journal of Communication el pasado mes de julio.

Los resultados revelaron que, aunque las videoconferencias pueden ser un estupendo recurso complementario, la efectividad máxima del programa se percibe en las reuniones presenciales. Nada sorprendente y que confirma la percepción de muchas personas en recuperación. A continuación, describiré los principales “pros y contras” extraídos de las diferentes opiniones de los participantes. Comenzaré por los principales desafíos registrados.

Desafíos de las reuniones online.

El primer desafío guarda relación con la posibilidad de sincronización que supone el uso de la tecnología. Ello viene dado por la falta de tiempo en ese momento, dificultades con el uso del software o por encontrarse en diferente zona horaria a aquella donde se realiza la reunión.

Las dificultades para acceder a la tecnología adecuada constituyen otro reto a superar. Este punto hace referencia al desconocimiento de cómo acceder y cuáles son las plataformas de videoconferencia adecuadas. Aquí debe añadirse la falta de competencias o habilidades de muchos miembros con el manejo de la tecnología. Este problema suele ser reportados por personas con mayor edad.

Otro escollo muy reportado fue la falta de contacto humano. Los participantes no pueden sentir el “calor” emocional de la acogida o las interacciones no verbales que proveen las reuniones cara a cara. “No se pueden reemplazar los abrazos […] se pierde toda la carga emocional de ver y escuchar a los compañeros” fueron las quejas que escuché de un miembro con muchos años de recuperación.

Un último elemento está referido a la falta de difusión, dado que no hay comerciales que lo anuncien en la tele o la radio, estos cambios se comunicaron mayoritariamente a través de los sitios Web de las diversas confraternidades o de “boca en boca” entre los miembros más activos. Algunas personas demoraron en enterarse del cambio de formato de las reuniones y otros simplemente refirieron no haberse enterado.

¿Cuáles son las ventajas reportadas?

Aun cuando existieron diversas dificultades y desafíos, también se percibieron puntos fuertes para las reuniones online. En primer lugar, resaltaron que era un excelente suplemento cuando resultaba imposible asistir a una reunión presencial.

Creen que la idea debe mantenerse más allá del COVID-19 porque existen momentos en los que resulta complicado el desplazamiento hasta el grupo, como cuando una persona se encuentra de viaje o está indispuesto, por solo citar dos ejemplos. La conciliación con otras actividades resultó el último punto fuerte. Los encuestados refirieron que poder asistir a varias reuniones online en el día sin tener que dejar de hacer otras tareas.

Facilidad de acceso.

Aunque podría parecer una obviedad que es más sencillo acceder a una reunión online, siempre que se disponga de los medios técnicos adecuados para ello, no existieron diferencias en la valoración ofrecida por los participantes en el estudio al compararlas con el formato cara a cara. Ello se debió a que la mayor parte de estos viven cerca (a menos de 10 minutos) de la localización de los grupos presenciales.

Quizás la pobre participación de personas que viven en áreas rurales o en lugares donde no existen grupos pudo influir en este resultado. En mi experiencia, ahora resulta mucho más fácil derivar a alguien que llama buscando información a nuestra clínica a un grupo online de 12 Pasos.

Como ya he dicho en algún que otro post anterior, en ciudades tan grandes como Madrid resultaba relativamente sencillo encontrar uno o dos grupos diarios de cualquier confraternidad como Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Jugadores Anónimos, Familias Anónimas, CODA o Comedores Compulsivos. Sin embargo, ello no resulta tan sencillo en ciudades más pequeñas o regiones rurales, desde donde también solemos recibir numerosas llamadas.

Inmersión y anonimato.

Recuerdo como muchos de nuestros pacientes y colaboradores describen su primera impresión de una reunión presencial. El contacto humano con otros compañeros que comparten el mismo problema, la cercanía, la complicidad, los abrazos, los testimonios, las charlas y el café antes y después de la reunión. Todos estos elementos describen el proceso de inmersión, experiencia de anonimato, ruptura del estigma y la formación de una nueva identidad social para el adicto en recuperación.

Los resultados del estudio revelaron que los grupos online dificultan este proceso de inmersión de un recién llegado. Los veteranos entienden mejor el proceso, dado que tienen la vivencia de la anterior interacción cara a cara con los compañeros, pero ello no ocurre con los recién llegados. En fin, aunque se refuerza el anonimato en las reuniones online, ello no se combina con un buen proceso de inmersión, cuestión que puede afectar en la posterior asistencia al grupo y la implicación programa.

Asistencia e implicación.

Aunque resulta más fácil acceder a un grupo online, la realidad es que las personas reportaron una menor asistencia que la que tenían a sus grupos presenciales. Por ejemplo, solo el 18% de los encuestados reportaron la asistencia a reuniones online 2 o 3 veces por semana, pero esta cifra subía al 40% cuando se les preguntaba por la frecuencia con la que asistían a las reuniones presenciales.

En este sentido, la posibilidad de realizar múltiples tareas mientras se realiza un grupo online resulta un elemento que dificulta la implicación. Aunque este punto fue registrado por los investigadores como una fortaleza, ponerse los cascos para escuchar un testimonio mientras se pasea al perro, se realiza una caminata o se está teletrabajando dificulta la “conexión” con el compartir de la otra persona, dado que los recursos cognitivos no pueden focalizarse en una sola tarea.

¿Qué ocurre con la espiritualidad?

Uno de los elementos medulares de este programa de recuperación es el desarrollo de un grupo de virtudes espirituales o fortalezas del carácter. Por tanto, resulta importante conocer si la transmisión de los valores espirituales del programa de 12 Pasos resulta igual de efectiva que en los presenciales.

Aun cuando los testimonios y el mensaje en general suelen promover estos valores, muchas personas encuestadas expresaron que sentían cierta falta de espiritualidad en esos encuentros. Paradójicamente, tenían la sensación de que les costaba más “conectarse” con las historias y testimonios que escuchaban. La explicación es muy sencilla, faltan todos los elementos de la interacción no verbal que proveen los grupos cara a cara.

A modo de conclusión.

Puede afirmarse sin lugar a duda que el formato de reuniones online es un útil complemento, pero en modo alguno puede reemplazar la interacción presencial.

Es importante resaltar que aunque resulta útil para proteger a las poblaciones más vulnerables, como pueden ser los adultos mayores, son precisamente estos los que más dificultades confrontan a la hora usar esta tecnología.

Aunque la experiencia de anonimato y transmisión del mensaje queda resuelta en las reuniones online, ello se hace a costa de una merma en de la inmersión en el proceso. Ello puede tener consecuencias sobre la asistencia a las mismas y la implicación con el programa.

Si bien el acceso es más sencillo, muchos miembros refirieron que les resultaba más difícil conectar con los testimonios en ausencia de otros indicadores de interacción no verbal. A este problema se añade que la atención se dispersa si se están realizando otras tareas mientras se escucha una reunión.

En fin, las reuniones online son recomendables como único recurso solamente cuando resulte imposible la asistencia presencial, como ha ocurrido en el caso del confinamiento durante la primera ola o las limitaciones de movilidad e interacción durante el estado de alarma en la segunda.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.