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¿Adicción al sexo o comportamiento sexual compulsivo?

¿Adicción al sexo o comportamiento sexual compulsivo?

¿Adicción al sexo o comportamiento sexual compulsivo?

Aunque no se pueden patologizar todos los comportamientos de la vida cotidiana, creo que debemos prestar atención a la ejecución compulsiva de algunos. Hoy en día solamente el juego patológico es considerado como una adicción y el uso problemático de los videojuegos ha sido recientemente incluido en la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE11). 

Sin embargo, hay otros comportamientos que han tenido menos suerte. Dentro de los más recientes podemos hablar del uso del teléfono móvil, las redes sociales o Internet. Dentro de los más antiguos podemos señalar la comida, las compras o el sexo.

Junto con la comida, puede decirse que el interés de los científicos por el sexo y sus patologías tiene alrededor de 200 años. De hecho, la “voracidad” sexual de algunas personas despertó el interés de los médicos para su estudio clínico, como trastorno, desde los inicios del siglo XIX; sin embargo, no es hasta 1983 que el término “adicción al sexo” es introducido en la clínica. 

Las personas con dificultades en la regulación de sus impulsos y deseos sexuales tienen mayor riesgo de involucrarse en prácticas poco seguras, con parejas no deseadas, padecer enfermedades de transmisión sexual y tener problemas legales. Como ya había señalado en un post anterior, este es un trastorno que ha tenido una relación muy extraña y nada estable con los clasificadores diagnósticos. 

La comprensión de una conducta sexual compulsiva de tipo no parafílico ha sido propuesta, incluida y excluida en diversas ocasiones. De hecho, tras haber sido excluida del DSM5 como trastorno hipersexual, ha vuelto como comportamiento sexual compulsivo en la CIE11. El tema es que este desorden no es considerado como una adicción, sino que ha sido incluido como un trastorno del control de los impulsos.

En este post me gustaría revisar la evidencia generada y, dado que el 80% de las personas que buscan ayuda por este problema suelen ser hombres, analizar cómo se manifiesta esta adicción en las mujeres. Para ello me apoyaré en dos estupendas revisiones científicas publicadas este mismo año.

Qué aprendemos de 25 años de evidencia?

El pasado 23 de septiembre se publicaba en Clinical Psychological Review una estupenda revisión sobre los estudios realizados sobre el tema en los últimos 25 años. El primer dato reseñable tiene que ver con el número de estudios por año, que denota el incremento del interés de la comunidad científica y los fondos dedicados al tema. 

De 1995-2004 apenas se publicaron 25 estudios sobre el tema, lo que da una media cercana a 3 artículos por año. Sin embargo, esta cifra subió hasta 119 en la década siguiente (2005-2014), incrementando la media a más de 12 artículos por año. Los datos del último quinquenio muestran un incremento aún más sorprendente, con una media de 40 artículos por año (227 en total).

Otro dato interesante es que de los 329 estudios que cubrieron el tema en la población general, solamente el 11 se focalizaron en mujeres. Esta cifra ni siquiera alcanza el 3% de los mismos. Otro de los sesgos encontrados fue que alrededor del 33% de los estudios no tomaban en cuenta la orientación sexual de los participantes, alrededor del 17% se focalizaban solamente en la comunidad LGBT y solo el 9% comprendían el análisis de la conducta en personas con una orientación netamente heterosexual.

Más de la mitad de los estudios tampoco indagaban sobre el grado de relación de los participantes. Ello quiere decir que no se podía diferenciar si este tema predominaba los solteros, o personas casadas o en una relación estable. 

Desde un punto de vista cultural, debe reseñarse que más de la mitad de los estudios seleccionados para el análisis habían sido realizados en los Estados Unidos. Dentro de los comportamientos más reportados como problemáticos por los participantes se encontraron la masturbación, búsqueda de sexo casual, uso compulsivo de pornografía, cibersexo, consumo de prostitución y búsqueda de centros de entretenimiento para adultos. 

Estas conductas podrían ser un problema para el 3% de las mujeres y el 11% de los hombres, donde debe diferenciarse la tendencia al consumo compulsivo de pornografía que baja al 1% para el caso de las mujeres. En el caso del uso compulsivo de la pornografía se ha podido determinar que el sexo masculino, las creencias religiosas, la percepción del consumo de pornografía como una actividad reprobable y el propio consumo de pornografía, resultaban importantes predictores para que las personas se percibieran a sí mismos como “adictos”.

Las trampas del deseo

“No somos culpables del primer pensamiento, pero sí responsables de lo cómo lo gestionamos”, es una frase que solemos usar en la Clínica Recal para el Tratamiento de Adicciones. Si la gestión del deseo y los pensamientos que lo sostienen resultan de gran interés en el tratamiento de la adicción a múltiples sustancias, qué podremos decir en el área de la conducta sexual. Debido a ello, entender cómo aquellas personas con indicadores de comportamiento sexual compulsivo procesan estos pensamientos resulta fundamental.

Para entender este proceso me remitiré a los resultados de un estudio publicado también este año en Sexual Addiction & Compulsivity. Los investigadores analizaron el deseo sexual y su relación con los pensamientos que lo sostienen en más de 1000 personas. 

Los resultados confirmaron lo obvio, que es que si una persona alimenta estos pensamientos la probabilidad de tener una conducta sexual problemática se incrementará. Algo interesante es que esta elaboración no es diferente a la que se realiza en otras adicciones y conductas compulsivas como puede ser el juego o el uso de Internet. 

Finalmente, los resultados sugieren que no basta solo con pensarlo y elaborarlo, sino que estos pensamientos se incrementan cuando son comentados en voz alta, aunque sea para uno mismo. ¡Qué decir cuando se retroalimenta con otras personas! Quizás sea este el momento donde se abre la Caja de Pandora. En fin, queda mucho por saber aún. 

¿Se presenta de la misma manera en las mujeres?

Para analizar este tema me apoyaré en una revisión de 58 estudios, publicada este año en Neuropsychiatric Disease and Treatment. Dado que existen diferencias constatadas en el área de la respuesta sexual entre hombres y mujeres en cuanto a ciclo, reactividad y preferencias, cabría esperar que también existieran en la manifestación de una conducta compulsiva.

La primera conclusión extraída por los autores es que los síntomas de la adicción al sexo podrían ser menos severos en las mujeres que en los hombres, donde muchos de los mismos podrían ser explicados por una reactividad más baja de las mujeres a los estímulos visuales, como los que se muestran en la pornografía.

Otro elemento diferencial podría estar localizado en la propia relación entre la impulsividad y la compulsividad con la conducta objeto de estudio. En el caso de las mujeres, aunque la compulsividad se relaciona con la conducta sexual, esta relación es débil y solo alcanza niveles moderados para impulsividad.

Aun así, existen rasgos que permiten identificar indicadores de un potencial comportamiento sexual compulsivo. Para ello deben combinarse una elevada impulsividad motora, con malestar emocional y psicoticismo. También la presencia de elevados niveles de rasgos psicopáticos puede predecir un mayor uso de pornografía en mujeres.

A modo de conclusión.

La compulsividad con la que muchas personas se han relacionado con el sexo, de forma no parafílica, ha despertado el interés de la comunidad médica desde hace alrededor de 200 años. Sin embargo, su relación con los clasificadores de enfermedades ha sido muy inestable con propuestas, estudios y abandonos.

En la actualidad se contempla su inclusión como comportamiento sexual compulsivo, dentro de los trastornos del control de los impulsos en la 11 Clasificación Internacional de Enfermedades.

La evidencia recopilada en los últimos 25 años muestra un incremento en las publicaciones científicas sobre el tema de 3 a 40 artículos por año.  

Dentro de los comportamientos más reportados como problemáticos por los participantes se encontraron la masturbación, búsqueda de sexo casual, uso compulsivo de pornografía, cibersexo, consumo de prostitución y búsqueda de centros de entretenimiento para adultos. 

La forma en la que alimentamos los pensamientos relacionados con la ejecución del deseo sexual juega un importante rol en el establecimiento de un patrón compulsivo de riesgo. 

Desde un punto de género parece afectar a un mayor número de hombres que de mujeres. Esta diferencia se hace aún mayor en lo que respecta a un consumo problemático de pornografía.

Los síntomas de la adicción al sexo podrían ser menos severos en las mujeres que en los hombres, cuestión que podría ser explicada por una reactividad más baja de las mujeres a los estímulos visuales, como los que se muestran en la pornografía.

Boris C. Rodríguez Martín PhD