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Humildad: la recuperación es progreso no perfección

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Humildad: la recuperación es progreso no perfección

Humildad: la recuperación es progreso no perfección

En este post sigo analizando los principios que dan sustento al modelo de tratamiento de adicciones que seguimos en la Cínica Recal donde “recuperarse es mucho más que dejar de consumir, es cambiar actos, hábitos y actitudes”. Desde nuestro punto de vista, dejar de consumir solo un requisito, pues el verdadero reto consiste en aprender a vivir sin tener que recurrir a las sustancias o comportamientos adictivos.

Si entendemos que el consumo es una forma predominantemente hedónica mediante la que las personas intentan conectar con una sensación efímera de “bienestar”, no resultará extraño que las necesidades que busquen satisfacción sean las del Ego. “Lo mío primero”, “no soy como los demás” y “lo quiero para ayer” serían los emblemas que guían esta búsqueda.

En la adicción este Egocentrismo llega a unos niveles altamente disfuncionales donde, al ser sostenido por la dependencia, la persona no puede ser consciente de otras necesidades que no sean las suyas y su conducta suele perjudicar a las personas que le rodean. Sin embargo, una vez que ha decidido recuperarse el egocentrismo suele asistir al tratamiento.

El adicto en recuperación necesita trascender el egocentrismo que le ha acompañado en activo. Para ello necesita conectar y desarrollar la humildad como fortaleza del carácter. Desde la Psicología existe evidencia experimental que da sustento a la idea de que la humildad favorece el autocontrol.

El Programa de 12 Pasos que siguen las confraternidades como Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos o Jugadores Anónimos consideran la humildad como una virtud cardinal para la recuperación de las adicciones. En este contexto, se comprende como el reconocimiento de nuestro pequeño lugar en el universo y la aceptación de nuestras imperfecciones como camino hacia la tolerancia con la de los demás.

El primer momento en el desarrollo de la humildad es el reconocimiento del fracaso de la propia fuerza de voluntad para controlar el consumo. Posteriormente el individuo reconoce que “solo no puedo” y que es necesario buscar ayuda.

Otro momento muy importante es cuando el adicto en recuperación decide poner su voluntad en manos de un Poder Superior tal y como lo conciba. Para algunos será Dios, para otros el Programa de 12 Pasos, para otros un ser querido fallecido y en algunos casos llegan a elegir la “fuerza del grupo” como concepto rector. El tema es que la persona aparca el ego y reconoce su impotencia.

Quiero cerrar con una anécdota que nos contó un paciente. Resulta que había un compañero al que no le daba importancia porque creía que no tenía nada que enseñarle. Un día que se sintió a punto de recaer ninguno de sus compañeros “adecuados” le cogía o devolvía las llamadas. En el momento más negro recibe una llamada de un número que no había registrado, al responder era el compañero que había menospreciado y fue la charla que tuvieron la que le salvó de la recaída.

Su conclusión fue que nunca más le daría a su gran Ego la facultad de decidir quién era adecuado para salvarle la vida. ¡Todas las historias cuentan y todas las opiniones aportan!

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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